Por ESTEBAN RAFELE - Con el dólar en el centro de la agenda económica y los sucesivos intentos del Gobierno para desarticular la creciente demanda de divisas como telón de fondo, la presidenta Cristina Fernández criticó ayer a las empresas que envían sus utilidades al exterior. Fue la primera mención de la jefa de Estado a la problemática del dólar y a la remisión de dividendos en particular, en momentos en que los funcionarios de su administración buscan demorar la salida de dólares.
La Presidenta volvió a usar la figura del boicot, que había empleado el lunes para aludir al conflicto sindical en Aerolíneas Argentinas. El llamado a no boicot es a todos, es a los que ganan formidables sumas de dinero y no las reinvierten en la Argentina sino que se las llevan afuera, dijo, y se refirió a las prácticas de algunas empresas que solamente piensan en la especulación y la rentabilidad.
Y remató: Así como hay prácticas sindicales que no son aceptables, también hay prácticas empresariales que son mucho más inaceptables, porque las malas de los empresarios, ellos nunca las pagan, las termina pagando el pueblo. El ministro de Economía, Amado Boudou, se sumó: Los gobiernos están para hacer lo que la gente votó y no para hacer lo que dice el establishment, dijo en un acto en Cancillería.
Cristina aprovechó un anuncio de inversión de General Motors en Santa Fe (ver aparte) para oponer a las empresas que realizan desembolsos en la Argentina a aquellas que envían todas sus ganancias al exterior. Quiero un empresariado que se haga cargo de que es necesario ponerle el hombro al país porque el país les puso el hombro durante estos ocho años, generando ganancias como nunca habían tenido en todos los sectores durante los últimos 20 o 30 años, dijo.
La escuchaba, entre otros, el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, quien en los últimos días llamó a empresas para exigirles que demoren la salida de dólares para pagar importaciones y girar utilidades, según fuentes del sector privado.
Distintos funcionarios dijeron que el Gobierno no tiene una estrategia global para frenar la remisión de utilidades, sino que evalúa cada caso en particular. Como integrante del FMI, el país no puede impedir el giro de los dividendos. Sí está facultado a demorarlo en algunos sectores. Los bancos necesitan ser autorizados por el Banco Central. Las empresas de servicios públicos requieren una venia del Ejecutivo para distribuir utilidades. Y queda el voto de los representantes de la ANSeS en las compañías: si bien ninguna participación es mayoritaria, un voto en disidencia deja asentada la voluntad oficial.
Los llamados a empresarios se sumaron a la batería de medidas con las que el Gobierno intentó contener la presión sobre el dólar, tanto en la oferta como en la demanda. La fuga de divisas bordeó en octubre los u$s 3.500 millones, según estimaciones privadas, y el Central perdió reservas por más de u$s 1.100 millones en la primera quincena de noviembre. Analistas estiman una salida neta de u$s 26.000 millones en 2011.
Durante el primer semestre del año, las empresas giraron al exterior dividendos por u$s 2.009 millones, según el Balance Cambiario del Banco Central.
Los bancos remitieron utilidades por u$s 403 millones. Las petroleras enviaron otros u$s 301 millones, la industria química, u$s 221 millones, el sector de comunicaciones, u$s 217 millones y el de alimentos, u$s 185 millones.