De toda la lista de asuntos espinosos con los que termina el año económico, uno de los más notables es el espectacular aumento que han experimentado los costos financieros. Lo que ha ocurrido en el mercado de dinero en las últimas semanas es, en realidad, una quita de subsidios a las tasas de interés .
Pero a diferencia de lo que está ocurriendo con los servicios públicos, el subsidio en este caso no lo entregaba el Estado, sino los ahorristas privados. La quita del subsidio a las tasas tampoco fue una decisión voluntaria de las autoridades, como en el caso de los servicios públicos. Fue el resultado, más bien accidental, casi un efecto colateral no deseado, de los controles impositivos a las compras de dólares, que provocaron fuertes retiros en las cuentas de argendólares en los bancos y que tuvieron en vilo al sistema financiero durante casi un mes.
Durante al menos dos años, la política económica tuvo la suerte de contar con tasas de interés groseramente negativas en comparación con la inflación. Se trata de un fenómeno infrecuente en la historia económica reciente de la Argentina, cuya población no se caracteriza precisamente por la ingenuidad macroeconómica , aunque ya hayan pasado 10 años desde el corralito. El resultado fue que en esos dos años, el crédito privado aumento su participación en el PBI del 12,4 al 14%.
Con el dinero barato que obtenían de los inversores, los bancos financiaron abundantemente al consumo. En el primer semestre de este año, el stock de préstamos prendarios y personales representó el 5,3% del PBI, casi el doble de lo que era durante la convertibilidad. Pero ahora muchos se están despidiendo de las tasas negativas que permitieron ese salto. “Este nivel de tasas altas llegó para quedarse”, dijo el economista de un banco.
“Endeudarse al 17% con una inflación en torno al 25% era negocio. Las tasas hoy están entre el 27 y 28% y las cuotas subieron”, dijo un ejecutivo de una entidad financiera especializada en créditos prendarios para la compra de autos.
La industria automotriz continuará siendo en 2012 uno de los sectores estrella de la economía, aunque ya no creciendo a tasas de dos dígitos, como en 2010 y 2011. En situación similar se encuentran varias otras industrias, como la construcción, el calzado, los biocombustibles, los electrodomésticos. Los empresarios y analistas consultados para la nota de tapa de esta edición oscilan entre la incertidumbre y un cauto optimismo acerca de las perspectivas de los negocios para 2012.
Eso por el lado de la demanda. Por el lado de la oferta, el “sinceramiento” de los costos financieros que se anticipa para el año que viene proyecta sombras sobre la inversión.
Durante la Conferencia Anual 2011 de la Fundación Observatorio PyME, que se realizó la semana pasada, se reveló que “un tercio de las PyMEs industriales tiene proyectos de inversión frenados por falta de financiamiento bancario y del mercado de capitales”. Justo ahora que están produciendo al tope de su capacidad instalada.
No faltará quien proponga créditos subsidiados para resolver el problema. Solo que en este caso, el subsidio lo financiará toda la sociedad, en lugar de los inversores.