Está en la reforma a la Ley del Impuesto a las Ganancias que acaba de aprobar el oficialismo. Pero una aclaración diluye las semejanzas: el justificativo oficial sólo vale para convalidar la suba de 2011, y los planteos del jefe de la CGT apuntan al año próximo.
Dicho esto, el punto clave de la reforma consiste en que, en adelante y para siempre, el Poder Ejecutivo podrá elevar el piso de Ganancias cuando quiera y en la forma que quiera. O no tocarlo . Los disciplinados legisladores K terminan de sumarle un nuevo superpoder a la Presidenta.
Semejante atribución queda reflejada en los considerandos de la ley. Según se dice allí, los montos del mínimo no imponible podrán ser incrementados “teniendo en cuenta las pautas que rigen para el manejo de las finanzas públicas, como así también la oportunidad, mérito y conveniencia” de la decisión.
En la vaguedad del párrafo anidan varias lecturas posibles: Una es que la suba dependerá de la situación fiscal, o sea, de que existan recursos para bancarla . El año pasado, el Impuesto a las Ganancias para las llamadas personas físicas le reportó al Gobierno $ 23.857 millones, un 550 % más que en 2001: no hay inflación que iguale tamaño porcentaje. Tal es el volumen de los recursos en juego.
A esa condición le sigue la de la “oportunidad”: cuando al poder central le convenga .
La tercera alude a que haya “mérito” para la decisión. En base al diccionario de la Real Academia, esa palabra puede ser asociada a premio o castigo o, más benévolamente, a la existencia de un justificativo .
Por último, la “conveniencia”. Significa, llanamente, cuando el Ejecutivo lo considere oportuno según su propio y riguroso punto de vista .
Resulta imposible saber si el redactor eligió los términos con tanta precisión. Seguro, cuidó que todo fuese lo suficientemente ambiguo como para dejarle las manos libres al Gobierno.
Eso se llama arbitrariedad .
La “carga tributaria” podrá afectar o no a los ingresos de los trabajadores, mucho o poco, sin que ellos tengan ni arte ni parte .
Los legisladores oficialistas terminan de delegar en el Ejecutivo una nueva facultad extraordinaria, una más que compete al Congreso. Sólo les faltó darle atribuciones para bajar el piso de Ganancias.
“No hay impuesto sin una ley”, dice una máxima usual en la jerga tributaria. Hay en efecto una ley –la de Ganancias–, sólo que la dimensión de su peso la maneja el Gobierno .
En Economía ya trabajan en un sistema que articulará el mínimo con los aumentos salariales de las paritarias. Implicaría que si los aumentos son considerados desmedidos, no será tocado el piso de Ganancias o que se lo subirá en caso de que las negociaciones vayan acomodadas a la pauta oficial. Parecido al juego de la zanahoria y el garrote, ambos en manos de la misma persona.
Aún cuando los funcionarios jamás lo dirán, el objetivo es que los incrementos en los sueldos corran por detrás de un proceso inflacionario que ahora sí les preocupa.
Igual que la guadaña sobre los subsidios, otra muestra de sintonía fina .