CRUCES EN EL EJECUTIVO EN TORNO A LAS MEDIDAS PARA SOSTENER LA RECUPERACIÓN Sectores oficiales impulsan aumentar los haberes para reactivar el consumo. Pero la productividad se estancó y aumentan los riesgos de inflación. El dilema de Kirchner. Pese a que el Gobierno negó públicamente tener en estudio un nuevo aumento en los salarios de los trabajadores del sector privado, El Cronista pudo confirmar ayer de altas fuentes que la idea fue planteada y está siendo impulsada por un influyente sector del Ejecutivo.
El dilema al que se enfrenta la administración Kirchner tiene que ver con las medidas necesarias para apuntalar la recuperación, en momentos que la economía muestra signos de desaceleración.
La estrategia por detrás de un eventual incremento de sueldos pasa por reactivar el consumo y con ello la economía en general. Pero este plan podría sucumbir si las alzas en los haberes no se producen a la par de una mejora en la productividad, lo cual podría desembocar en un aumento del riesgo inflacionario.
Como adelantó ayer este diario, sectores del Gobierno impulsan una nuevo incremento en el sector privado con una suma fija no remunerativa.
Aunque ayer varios funcionarios negaron públicamente que se aplique una mejora en los haberes, por lo bajo se admite que el tema está en estudio, y avanzado.
El ministro Roberto Lavagna señaló que "en algún momento se va a discutir la posibilidad", que supeditó a un incremento en la productividad. "Si la economía y la productividad crecen, los aumentos salariales son posibles y deseables", señaló.
En cambio, destacó que "si la productividad no crece, los aumentos de salarios no van al crecimiento de la economía y del empleo, sino simplemente a suba de precios, a la inflación. En ese caso son un engaño".
Fiel a su estilo encriptado, Lavagna pareció confirmar y rechazar a la vez un eventual aumento de sueldos. Lo cierto es que los intentos de elevar los salarios deberán lidiar con un dato no menor que ya circula en informes reservados por los pasillos oficiales: el crecimiento de la productividad se está desacelerando.
Según un reciente estudio de la consultora Orlando Ferreres & Asociados, en los últimos dos trimestres la productividad por empleado registró una marcada desaceleración. Más aún, si se compara el primer trimestre de este año con idéntico período del 2003 (para evitar la estacionalidad), por primera vez en un año y medio la productividad directamente se estancó, sin registrar mejora alguna.
Semejante escenario incrementa las posibilidades de que un nuevo aumento de sueldos desemboque en una mayor inflación en vez de apuntalar el consumo. Los analistas asocian este parate a la carencia de inversiones necesarias para acompañar el incremento en el número de empleos.
Semejante escenario no es desconocido por Lavagna, que sigue de cerca la productividad, a la que considera una variable clave. Tampoco por el titular del Banco Central, Alfonso Prat-Gay, quien ayer buscó calmar las aguas y recalcó que "un aumento de salarios no significa necesariamente mayor inflación". Pero sin dudas el más tajante fue el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, al afirmar que de "ninguna manera se analiza esta posibilidad".
Desde el ministerio de Economía vienen sondeando en los últimos meses a varios sectores. En particular a los vinculados a la indumentaria y los alimentos, que registran los mayores aumentos de precios desde fines del 2001. De hecho, el propio ministro Lavagna afirmó semanas atrás que si el objetivo es recuperar los márgenes de rentabilidad, éstos sectores deberían aumentar su productividad en lugar de subir los precios. Por ello Economía no ve con malos ojos el incremento de las importaciones, tanto de bienes de capital (implica mayor inversión) como de bienes de consumo (implica disciplinar a los sectores menos competitivos).
Tras la salida de la convertibilidad, la productividad experimentó una marcada recuperación apoyada en el cambio de precios relativos a favor de la mano de obra y en detrimento del capital. El significativo stock de bienes de capital heredado de los noventa permitió que la recomposición del mercado laboral generara grandes saltos en la productividad. Pero este proceso pierde fuerza y no podrá continuar, a menos que el proceso de expansión se apoye en nuevas inversiones que expandan la capacidad de producción de la economía. |