Por Juan Cerruti - La importación de bienes de capital es una de las vías neurálgicas de cualquier economía en desarrollo. Desde 2001 a la fecha así se entendió. Por eso el arancel para importar máquinas y equipos estratégicos para el crecimiento del país se mantuvo ininterrumpidamente en 0% durante más de una década.
El aumento del arancel al 14% que comenzará a regir en los próximos meses es una movida riesgosa del Gobierno, con múltiples aristas. Fiel a su estilo, el kirchnerismo redobla la apuesta: ya no se trata de sustituir los bienes denominados suntuarios(destinados al consumo), sino que la estrategia va más allá. Implica retomar la industrialización de bienes de base o de capital. Eso es lo que refleja el incremento del arancel. Una señal de precios: producir las máquinas y equipos acá. O al menos pensarlo dos veces antes de importar.
La necesidad de dólares es cada vez más evidente en la economía argentina. El contínuo crecimiento de la economía y la apreciación del tipo de cambio (deflactado por la inflación verdadera) son los motores de la importación, que reduce la balanza comercial. Pero la jugada requiere el pulso de un cirujano para no afectar la cadena industrial en su hilo más sensible: la inversión en bienes de capital. Sobre todo porque el nivel actividad se ha transformando en un tema que desvela al Gobierno y analistas privados. Varias consultoras redujeron en las últimas semanas sus estimaciones de crecimiento para este año a niveles de entre 1,5% y 3%. La industria, en diciembre (último dato oficial), creció apenas 1,4% interanual, pese a que arrancó el año pasado expandiéndose a más del 10% interanual. Algunos sectores clave (como tabaco, textiles y caucho) muestran caídas interanuales del orden del 10%. La industria automotriz ya se contrae a un ritmo del 20% interanual. Los márgenes para cometer errores sin afectar el nivel de actividad se achican.
Las importaciones de bienes de capital durante al año pasado totalizaron los u$s 14.800 millones. Si se excluyen las máquinas y equipos que llegan del Mercosur (alrededor del 31%), significa que por la suba del arancel se verán afectados alrededor de u$s 10.200 millones en importaciones.
La sustitución de importaciones es una herramienta de política económica que tuvo su apogeo en América Latina entre la década del 30 y mediados de los 70s. Al principio generó empleos, desarrollo manufacturero incipiente y reactivación económica. Pero con el tiempo también llegaron las deformaciones: deficiencias estructurales, inflación, escasa competencia y nichos de grupos económicos concentrados con consumidores cautivos.
Dirigir la economía a fuerza de palo y zanahoria puede ser tan nocivo como dejarla totalmente librada a las fuerzas del mercado. Las denominadas fallas del mercado existen, no hay dudas. Los economistas las identificaron desde hace décadas, y la intervención del Estado en estos casos puede ayudar a subsanarlas. Pero el timming en la aplicación de estas medidas hace al arte de la política económica.