¿Cómo evalúa la situación en Grecia hoy?
Es muy difícil, dado que continúa necesitando fondos frescos. El Gobierno gasta más de lo que recauda, aun sin considerar los pagos de deuda, que se verán reducidos a menos de un tercio de lo que eran. Con esta fenomenal quita incluso, los fondos no son suficientes. Obviamente la situación va a ser muy dolorosa. Cuando se critica la pérdida de soberanía, los comentaristas miran sólo los aspectos políticos y olvidan los económicos. Grecia recibirá aún más fondos por varios años, hasta 2020 en análisis optimistas, que deberán ser repagados en condiciones muy favorables. Ya con la deuda es como si se hubiera hecho una donación de tres cuartas partes. Criticar a los que siguen prestando/donando suena poco lógico. Grecia es un país soberano y puede no aceptar las condiciones. Pero en ese caso, tampoco tendrá más fondos y la contracción económica sería aún mayor. Los que prestan, a su vez, lo hacen fundamentalmente para evitar un problema aún mayor, y no solamente por mantener una «Europa unida», ya que la capacidad de contagio es enorme. Pareciera que otros países periféricos ya están haciendo esfuerzos para reducir su déficit. Es incorrecto criticar la austeridad, lo que hay que criticar es el despilfarro.
¿El canje de deuda es la solución?
Se gana tiempo pero no creo que sea una solución. Ahora, ya es explícito que el Banco Central Europeo es senior, junto con el FMI y otros acreedores, respecto del cobro. Por ello, será muy difícil que en el futuro algún privado quiera prestar, a menos que la tasa sea más que atractiva. Por otra parte, si el BCE no asume riesgo, no debería tener gran retorno. Desgraciadamente, estas situaciones son siempre injustas. Paga el que puede y no el que debe. El costo está recayendo tanto sobre los griegos como sobre los acreedores privados y sobre los contribuyentes alemanes. Nadie está contento. La única solución es una feroz reasignación del gasto hacia mejoras en la productividad, lo que afectará notablemente a algunos sectores y beneficiará a otros, generando una fuerte traslación de riqueza. De nuevo, gran parte de la sociedad va a resentir este cambio.
¿Cuáles son los peligros que persisten?
El peligro está no sólo en el contagio con otros países, sino en que se tergiversa el concepto de eficiencia. Lo importante debe ser producir más y mejor, no consumir más. Es indispensable redireccionar el gasto hacia donde puede aumentar la productividad. Lamentablemente se lee continuamente la necesidad de aumentar el gasto público, en una deplorable tergiversación de Keynes, quien decía que se debía aumentar el gasto total (público o privado) si se podía financiar con deuda, o, lo que es lo mismo, que lo pagarían las generaciones futuras. Nunca escribió gastar sin pagar. Mucho menos, aumentar los impuestos para aumentar gasto público.
¿Y la Argentina?
No hace falta esta tragedia griega para saber que es indispensable pensar en el largo plazo. Endeudarse para gasto corriente no tiene sentido. En cambio, sí es lógico endeudarse para invertir, ya que los beneficios se verán a lo largo de los años. Hoy ya consumimos el capital energético, agropecuario, de los fondos previsionales, del Banco Central. Aun así no es suficiente, ya que los pasivos siguen aumentando. La Argentina consume más de lo que produce y sólo si crece, evitará una nueva situación de default. No nos engañemos: pagar con moneda devaluada es lo mismo que hacer una quita.
¿El gasto público argentino sigue siendo un problema?
El gasto público creció extraordinariamente en la última década y sobre todo en los últimos dos años. Concentrando el análisis en el gasto no discrecional (salarios y jubilaciones), vemos el aumento muy superior a la capacidad de crecimiento de la economía. El pasivo contingente que tiene la Argentina ya es relevante: ANSES consume casi un tercio del PBI. Es decir, sin considerar justicia, educación, salud, la carga impositiva debe ser muy elevada para cumplir con estas obligaciones. La presión impositiva pasa el 40%, y está entre las más altas del mundo, salvo países escandinavos. Y se recurrió consistentemente a gastar los «ahorros» (energía, sector agropecuario, reservas del Banco Central, sistema de AFJP). Aun con una presión impositiva del 40%, hubo que recurrir a varios «tesoritos». Quedan pocos. Como contracara, se logró un elevado crecimiento en consumo.
¿Los precios de commodities seguirán jugando a favor de la Argentina?
Siempre está el temor de que bajen los precios de los commodities que exportamos, o que haya una disminución en el nivel de actividad, por el lado de los ingresos. Afortunadamente, es de estimar que ambos factores van a continuar elevados. Sin embargo, por el lado del gasto hay factores de preocupación: la inversión productiva (descontando celulares, remodelaciones de edificios, etc.) es muy reducida.
Las prestaciones de ANSES crecen a una tasa muy superior a las colocaciones de fondos. Esto implica que se reducen los recursos futuros. De continuar esta tendencia, la situación puede ser altamente comprometida. La recaudación de ANSES, directa o a través de otros impuestos -como combustibles e IVA- es muy sustancial y altamente procíclica. Por eso existe el FGS, constituido con los recursos de las ex AFJP. Aunque este año ha recibido nuevos fondos desde ANSES, el mantenimiento de este fondo es muy importante y la financiación al Gobierno es un arma de doble filo. Facilitar la financiación pone en peligro el FGS si el rendimiento que se obtiene está por debajo de lo que se debe aumentar a jubilados, por lo que se «licúa» el FGS en términos reales. Recordemos que el principal activo son bonos del Gobierno (aprox. un 55% del total del FGS) colocados a tasas menores a los aumentos obligatorios por movilidad.
¿Cómo están las cuentas públicas argentinas?
Ya no hay superávit fiscal genuino, sólo se mantiene porque se incluyen las «utilidades» del Banco Central y similares. Es difícil hacer un cálculo estimativo ya que hay escasísima información pública. Se conocen los pagos, pero no cuánto debe el Gobierno a través de reintegros de exportación adeudados, endeudamiento de empresas públicas (Enarsa, Cammesa, etc.), falta de pagos de subsidios y demoras de todo tipo. Es decir, no se conoce lo «devengado». Aun así, sabemos que el gasto público está en un franco proceso de reacomodamiento, incluso cuando las principales partidas no son discrecionales. En el último trimestre 2011, el gasto aumentó casi un 40% para Seguridad Social, un 26% para Remuneraciones, pero sólo un 2% y un 1,3% para gastos de capital y transferencias a provincias, respectivamente. Claramente puede ser que las provincias hubieran recibido grandes fondos previos a las elecciones. Pero aun así el brusco cambio con la tendencia implica o una restricción financiera, o una restricción política.
¿Qué ocurrirá con el dólar y salida de capitales?
La gente demanda dólares porque es la única forma de ahorrar cuando hay inflación. O gasta en lo que no necesita, despilfarrando recursos. Si la inflación desaparece, no serán necesarios los controles. Las empresas demandan dólares para pagar sus deudas, o para crecer e invertir. Si no pueden acceder a dólares, no crecerán, no invertirán, no pagarán sus deudas. Las salidas de capital han sido muy considerables en los últimos 6 años, lo que es una clara señal de alerta: suele estar íntimamente vinculado a la desconfianza en el futuro. La única forma de evitarlo es que el peso sea atractivo, por confianza o por elevada tasa de interés. La confianza es positiva para la economía, la suba en la tasa es nefasta.
¿Qué pasará con la economía en 2012?
No se puede prever ya que hoy todo depende de medidas sorpresivas. Hay muchos instrumentos positivos que podrían utilizarse. Ojalá se pensara en el largo plazo, y hasta que ese milagro ocurra, bastaría con dejar de pensar en la caja del día o sufrir la tapa de los diarios. La inflación puede desaparecer de un plumazo si se deja de emitir al casi 40% (!). Las exportaciones pueden mejorar si se permite vender el trigo y parte de la cosecha o el ganado que hoy no puede venderse al exterior. La situación fiscal puede mejorar si se hace un presupuesto ordenado y prolijo, donde se vea quién paga qué. Se puede mejorar la situación de las provincias y municipios, modificando las jurisdicciones que reciben los fondos. Se puede permitir que el aumento de los servicios públicos que paga la gente les llegue a las empresas para mejorar el servicio, en lugar de ser simplemente más impuestos. Se debe redirigir el gasto público hacia inversión. Es decir, hay muchísimas medidas que alientan el crecimiento que pueden tomarse sin afectar el bolsillo de los argentinos. |