Por Alberto Armendariz - RIO DE JANEIRO.- En un intento de contener la sobrevalorización del real y frenar el ingreso de capitales especulativos, que la presidenta Dilma Rousseff calificó de "tsunami monetario", el gobierno brasileño reforzó ayer el impuesto sobre operaciones financieras con mayores plazos. El impuesto, que el año pasado fue llevado al 6%, se aplicaba hasta ayer a quienes tomaban préstamos en el extranjero con plazos de hasta dos años; ahora se extenderá a las captaciones de hasta tres años. "De esta manera estamos desestimulando el ingreso de capital de corto plazo en Brasil. Esto se debe a que hoy hay una excesiva liquidez en el mercado internacional. Sobra dinero", señaló el ministro de Hacienda, Guido Mantega, quien responsabilizó de la situación a los países desarrollados, que buscaron enfrentar sus crisis financieras con políticas monetarias expansivas. En tanto, los inversores extranjeros han buscado activos en mercados emergentes, como Brasil, que les garantizan mayores retornos a su capital gracias a sus altas tasas de interés. Pero el gran flujo de capitales que ingresa al país ha llevado a una sobrevalorización del real frente al dólar, abaratando las importaciones y encareciendo los productos brasileños. A la larga, este escenario perjudica a la industria local y va llevando a una mayor desindustrialización. Pese a recurrentes intervenciones del Banco Central comprando divisas en el mercado a futuro, en lo que va del año el real ha aumentado su valor más de un 8% frente a la moneda estadounidense, que la semana pasada llegó a cotizar a 1,69 reales por unidad. "La política de expansión monetaria devalúa las divisas de otros países y aprecia la moneda de Brasil. El gobierno no se quedará mirando impasible la guerra cambiaria. Tenemos que defendernos", afirmó Mantega, quien no descartó más fuertes medidas en las próximas semanas. Entre las opciones que se barajan está aumentar aún más el porcentaje del impuesto a las operaciones financieras, aplicarlo también a la compra de acciones locales por parte de extranjeros y hasta usar el Fondo Soberano de Brasil para comprar dólares en el mercado cambiario al contado. Mantega no quiso ahondar en las medidas que estarían en el horizonte, aunque sí descartó cualquier restricción a la entrada de capitales para inversión productiva y rechazó la posibilidad de que el país abandone el sistema de tipo de cambio flotante. "El gobierno no tiene planes de gravar la inversión extranjera directa. No lo hicimos ahora y no pretendemos hacerlo. Es sano que haya inversión extranjera directa en Brasil porque genera empleos y paga impuestos", indicó. Por su parte, la presidenta Rousseff culpó a Estados Unidos, la Unión Europea y Japón de "canibalizar" los mercados emergentes, y dijo que hará todo lo posible por defender la industria brasileña. "Estamos preocupados por el tsunami monetario -dijo-. Vamos a seguir desarrollando este país, defendiendo su industria, impidiendo que los métodos de salida de la crisis de aquellos países implique una canibalización de los mercados de los países emergentes, y al mismo tiempo aseguraremos que nuestro mercado interno, nuestro mercado de masa, crezca cualitativamente". En un acto en el Palacio del Planalto, calificó de "perversas" e "inconsecuentes" las políticas de los países desarrollados que cada vez más están haciendo sentir sus consecuencias en esta parte del mundo.. |