Por Javier Blanco - Aunque siempre ha sido un organismo con fuerte impronta presidencialista, conviene saber que si la reforma a la Carta Orgánica que promueve el Gobierno se convierte en ley, el BCRA pasará a convertirse en un ente hiperpresidencialista . Ocurre que el proyecto enviado por el Ejecutivo agrega a quien presida la entidad numerosas atribuciones y la opción de conducirla con un grado mayor, y potencialmente riesgoso, de discrecionalidad. Lo hace, por caso, al reemplazar la obligación de dar a conocer "con periodicidad trimestral" los ajustes a su programa monetario, "informando sobre la meta de inflación y la variación total de dinero proyectadas", por una mucho más vaga obligación de "regular la cantidad de dinero" y ejecutar la política cambiaria de acuerdo con la legislación que sancione el Congreso, lo que no parece un aporte a la transparencia. También muestra la misma tendencia al transferirle al presidente del BCRA buena parte del poder de control y la regulación del sistema, al dejar bajo su control la figura del superintendente de Entidades Financieras, que, hasta ahora, rinde cuentas ante el directorio de la entidad en general y mantenía cierta autonomía al ejercer el poder de policía sobre los bancos, financieras y entidades cambiarias. Lo curioso es que estos cambios se impulsen cuando ni siquiera está clara la estabilidad del presidente del BCRA. Mercedes Marcó del Pont ejerce desde hace un año y medio ese cargo "en comisión" (una figura legal surgida para reemplazos temporales, según un dictamen de la Subgerencia de Asuntos Legales del BCRA, que hoy se mantendría en el olvido), es decir, una especie de interinato, ya que el trámite de su designación nunca se completó en el Congreso. Sin embargo, tal vez, lo más inquietante es que la reforma consagra la dominancia de las necesidades fiscales sobre la política monetaria. "La derogación de los artículos residuales de la ley de convertibilidad y la modificación a la Carta Orgánica no son -como insinuara la Presidenta- un acto simbólico de ruptura con el orden noventista. Persiguen, en cambio, un objetivo mucho más prosaico: la eliminación de toda barrera que trabe el giro de fondos del BCRA al fisco", advierte, por caso, el economista Federico Muñoz, quien recuerda que hace cuatro años "las reservas cubrían el 76% de los pasivos totales del BCRA, mientras que actualmente están debajo del 50 por ciento". El fin del "1 a 1" en 2002 no supuso la derogación de la ley de convertibilidad, sino la de algunos de sus artículos. El más importante: el que fijaba la paridad peso/dólar. "Pero se mantuvieron las limitaciones que imponía para que el BCRA financie al fisco, para evitar repetir las funestas consecuencias que la monetización del déficit fiscal tuvo en décadas pasadas", dice Muñoz. Esas barreras ahora serían removidas, desconociendo que, por lo menos en países en desarrollo, la "verdadera moneda" son las reservas y los billetes "sólo tienen valor en virtud de su respaldo", advierte Rodolfo Rossi.. |