Por Alberto Armendariz - RIO DE JANEIRO.- Ni la principal economía de América latina pudo permanecer inmune frente a la crisis internacional, ya que en 2011 se enfrió considerablemente con un crecimiento de apenas 2,7%, según confirmó ayer el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). La moderada expansión de la economía brasileña durante el primer año de gobierno de Dilma Rousseff, cuyos revisados pronósticos apuntaban a un crecimiento de por lo menos el 3%, reafirma los temores de que incluso los mercados emergentes más dinámicos, como China -uno de los principales socios comerciales de Brasil-, sientan aún más impactos de la crisis de la deuda en Europa y la lenta recuperación de Estados Unidos. De acuerdo con el IBGE, las exportaciones agrícolas -en gran parte, a Asia-, y el consumo en el mercado interno evitaron que Brasil cayese en una recesión en el segundo semestre. El sector más afectado por la crisis fue la industria, que, debido a la sobrevalorización del real, encareció sus ya elevados costos y la volvió menos competitiva. El crecimiento del 2,7% fue menos de la mitad del que había tenido Brasil en 2010, durante el último año de gobierno de Lula da Silva, cuando la economía se expandió un 7,5%, la tasa más alta en varias décadas. "No contábamos con el agravamiento de la crisis en el segundo semestre", reconoció ayer el ministro de Economía, Guido Mantega, quien señaló también que el ajuste de unos US$ 30.000 millones en el gasto público y otras medidas tomadas con el objetivo de reducir la inflación -del 6,5%- enfriaron la economía. Con la inflación bajo control y ante la perspectiva de que el Banco Central siga reduciendo su tasa de interés -está en el 10,5%-, Mantega estima que este año la economía crecerá entre un 4 y un 4,5 por ciento. Desde fines del año pasado, el Gobierno viene implementando incentivos tributarios para ayudar a distintos sectores industriales, mientras que ha elevado los costos para la importación de varios productos, en medio de críticas de proteccionismo. Y en su visita a Alemania esta semana, la presidenta Rousseff acusó a los países desarrollados de generar un exceso de liquidez, con sus políticas expansivas que han llevado a la sobrevalorización de las monedas de varios países emergentes, como Brasil, que ofrecen tasas de retorno más altas, y se comprometió a seguir protegiendo la industria local frente a lo que llamó "tsunami monetario". "El gobierno brasileño tendrá una posición proactiva en el sentido de ampliar cada vez más la tasa de crecimiento de Brasil de forma sustentable, respetando el equilibrio macroeconómico con finanzas públicas y una estructura fiscal sólida", señaló Rousseff a la canciller alemana, Angela Merkel. En su conferencia, Mantega prometió medidas para evitar una exagerada apreciación del real. |