Después de una escalada que lo llevó a quebrar la barrera de los 1,70 por dólar, el real le dio un alivio a Brasil la semana pasada al desinflarse un 3%, su mayor caída desde noviembre pasado. La moneda reaccionó a la movida del Banco Central, comandado por Alexandre Tombini, que decidió acelerar el ritmo del recorte de tasas y bajó la Selic en 75 puntos básicos hasta 9,75%. La agresividad de la entidad desincentiva el famoso carry trade que persigue ganancias endeudándose en monedas de bajo rendimiento para apostar a divisas como el real. De todas formas, la moneda brasileña aún sube 4,5% en lo que va del año, después de haber perdido 11% en 2011, y continúa amenazando la competitividad de las exportaciones locales. Sin ir más lejos, el ministro de Hacienda, Guido Mantega, aseguró el viernes que se otorgarían exenciones impositivas a ciertos sectores industriales para blindarlos de la fortaleza cambiaria, pero no entregó mayores detalles.
El real cerró el viernes en su menor nivel ante el dólar desde mediados de enero, en medio de un alza generalizada del billete verde a nivel externo tras datos mejores a lo esperado en EE.UU., que disminuían la posibilidad de otra ronda de estímulo monetario. El real se desvalorizó 1,31% a 1,7850 unidades.
En el mercado los analistas han recalibrado sus proyecciones y ya creen que la tasa de referencia probablemente caerá al 8,5% para fines de año. La pregunta del millón ahora parece ser si es que la reunión de abril marcará el fin del presente ciclo de alivio o si veremos una medida definitiva el 30 de mayo, dijo Jankiel Santos, economista jefe de Espirito Santo.
Un dato que apoya la teoría de que Brasil tiene margen para bajar las tasas es que la inflación está en descenso. En febrero, la inflación cedió hasta alcanzar su nivel más bajo para un segundo mes del año. El IPCA subió un 0,45% respecto a enero.