LAS EMPRESAS VITIVINÍCOLAS APUESTAN A CRECER EN EL EXTERIOR REFORZANDO LA CONFIANZA EN EL PRODUCTO El director de la bodega Familia Zuccardi, José Alberto Zuccardi, habló ante el Consejo Editorial de El Cronista sobre el impacto de la crisis social y las chances del sector. A pesar del gran crecimiento de las exportaciones de vinos nacionales en los últimos años, la mala imagen internacional del país y la falta de una estrategia para crear una categoría de "producto argentino" juegan en contra de la expansión del sector. Sin embargo, las empresas vitivinícolas esperan multiplicar hasta 15 veces en los próximos 20 años las exportaciones actuales aprovechando el potencial de producción que todavía tiene la Argentina.
El director de la bodega Familia Zuccardi, José Alberto Zuccardi, expuso ante Consejo Editorial de El Cronista sobre los principales desafíos y obstáculos que enfrenta el sector vitivinícola, y explicó cuáles fueron las condiciones que permitieron que el país pudiera iniciar una estrategia de comercio exterior tan sólo 13 años atrás. De la reunión –la primera de una serie de enfoques sectoriales– participaron los analistas Juan J. Llach, Manuel Mora y Araujo, Julio Nogués y Nicolás Ducoté, y fue invitado también el economista Miguel Kiguel.
Zuccardi comenzó su presentación explicando que la historia del vino en la Argentina tuvo tres etapas muy definidas. La primera se caracterizó por la llegada de inmigrantes europeos que trajeron técnicas y variedades de vides y comenzaron a producir en el país. En esta época, la Argentina se convirtió en el único país del hemisferio sur en el que el vino pasó a formar parte de la cultura, tal como ocurría en Francia y en Italia. Esto período de arraigo de la vitivinicultura europea se extendió hasta la década del 30, cuando hubo una crisis de sobreproducción.
La segunda etapa comenzó en 1940, época en la que se disparó el consumo en el mercado interno y las bodegas debieron producir grandes volúmenes pero resignando calidad. A partir de allí, el consumo per capita llegó hasta los 90 litros anuales, convirtiendo al país en uno de los principales mercados del mundo.
Sin embargo, la etapa más importante para la vitivinicultura se dio a partir de 1991, cuando el sector vivió una transformación total por la caída del consumo en el mercado interno a lo largo de los ’80. En esta época, con el inicio de la convertibilidad, las empresas tuvieron que salir a vender parte de la producción al exterior mejorando permanentemente la calidad para ganar a consumidores cada vez más exigentes.
Según Zuccardi, fue entre los ’80 y los ’90 cuando el sector empezó a modificar completamente su perfil, mientras el consumo interno caía a 36 litros anuales. Hasta ese momento, la producción estaba muy dividida entre bodegueros, viñateros y fraccionadores. En los ’90 esto cambió y comenzó la integración vertical. "Hoy, la calidad de un vino se busca desde el viñedo, mientras que antes sólo se daba importancia a la fabricación en la bodega", explicó el empresario.
En esta misma época también se produjo la llegada de muchas empresas internacionales que compraron bodegas tradicionales de la Argentina y se enfocaron al desarrollo de una vitivinicultura de calidad.
A partir de 1991, cuando apenas se exportaba el 1% de la producción, la Argentina comenzó un lento pero constante proceso de expansión en los mercados internacionales, hasta llegar a vender el 14% en la actualidad. Sin embargo, Zuccardi cree que el país todavía tiene un largo camino por delante en el mercado mundial de vinos. Hoy, la Argentina genera 5% de la producción mundial, pero sólo participa del 1% de las exportaciones totales, mientras que Chile, por ejemplo, produce sólo el 2% y participa del 4% del comercio global de vino. "Chile nos lleva 15 años de ventaja en los mercados internacionales, porque desde un comienzo las bodegas de ese país se dieron cuenta de que no podían sobrevivir en un mercado interno muy chico, que sólo consume 15 litros anuales per capita", señaló. Los productores trasandinos se concentraron desde un principio en el desarrollo de vinos de alta calidad, lo que les permitió ganar mercados haciéndose de un nombre y vender casi el 50% de su producción.
Los principales países con los que compite la producción nacional son aquellos que integran el llamado "nuevo mundo" de la vitivinicultura, entre los que se destacan Australia, Chile y Nueva Zelanda. "Lo que todavía nos diferencia de ellos es que todos valorizan al vino como un producto que sirve para vender al país en el exterior", sostuvo Zuccardi, que produce las marcas, Santa Julia y Q. "Australia, por ejemplo, concibe al vino como la punta de lanza para darse a conocer en el mundo, y hoy exporta u$s 1.200 millones anuales, casi 10 veces más que nosotros", afirmó el empresario, para quien el vino tiene la capacidad de transmitir valores intangibles que otros productos no tienen.
Al ser consultado por Ducoté, director de Cippec, sobre las barreras que impiden a la Argentina aumentar sus exportaciones, Zuccardi contestó sin dudar que una gran dificultad es la imagen del país. El productor vitivinícola aseguró que la crisis del año 2001, por ejemplo, generó un impacto muy negativo en el exterior, que afectó comercialmente a las exportaciones de vinos, a pesar de que la devaluación mejoró la competitividad. "En el vino la percepción es fundamental, porque cuando la gente se acerca a una góndola, compra valores asociados a este producto. Por lo tanto el vino embotellado no se vende por precio sino por imagen", aseguró. De cualquier manera, reconoció que no se puede culpar al contexto general solamente por la imagen del vino argentino en el exterior, ya que las bodegas tampoco han realizado en el pasado estrategias conjuntas para dar a conocer el producto. En este sentido, reveló que el último año fue sancionada una ley del plan estratégico vitivinícola en la que el sector se autoimpuso un impuesto para financiar la promoción del vino en los mercados externos. En cuanto al rol estatal, Zuccardi explicó que en la última década casi no hubo apoyo nacional, pero sí de los gobiernos provinciales y de la Fundación Exportar.
Lo que vendrá
Por su parte, el titular del Consejo, Juan José Llach, pidió al empresario que explique cuáles serán los desafíos que tendrá que enfrentar el sector en los próximos años. Zuccardi reveló que un plan de vitivinicultura acordado entre las bodegas prevé aumentar los u$s 130 millones actuales en exportaciones de vino embotellado hasta llegar a los u$s 2.000 millones en 20 años. "Este es un objetivo perfectamente alcanzable", aseguró.
Para lograrlo, podrían utilizarse zonas que actualmente no cultivan vides y que tendrían potencial para producir variedades especiales. En la actualidad, sólo el 3,5% de la superficie de Mendoza está dedicada a la producción de vino. Según Zuccardi, en materia de zonas vitivinícolas en la Argentina, "está todo por descubrirse y hay muchos dogmas por romper". En este sentido, destacó la transformación que están realizando las bodegas en San Juan, para dejar de producir vinos masivos y ofrecer mejor calidad. Según el empresario, otras provincias en las que está creciendo la actividad vitivinícola son La Rioja, Neuquén, Salta y Catamarca. Sin embargo, aseguró que no todas las áreas son iguales, por lo que cada zona debería orientarse a cultivar las cepas más aptas para su tipo de condiciones de clima y suelo.
Por otra parte, el empresario aseguró que en los últimos años la Argentina mejoró ampliamente la calidad de sus vinos pero que todavía se debe avanzar en la consistencia de la producción, lo que supone un gran desafío. "En el exterior están sorprendidos por nuestro vino pero también nos dicen que se ven altibajos en la expresión cualitativa", reveló.
Por último, Zuccardi expresó el interés que tiene el sector en que el Mercosur logre un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, porque esto permititía incrementar las exportaciones a ese destino, que concentra el 70% del consumo mundial. En la actualidad, el 38% de las ventas externas de vino argentino van al bloque, pero en el pasado algunos envíos tuvieron problemas para ingresar porque no existe un acuerdo sanitario. "Esto quedaría superado con un tratado de libre comercio", afirmó. Dos semanas atrás, los principales representantes del sector mantuvieron un encuentro con autoridades de la Cancillería para pedir que se avance en las negociaciones que permitan llegar a un acuerdo en el mes de octubre, tal como está previsto, y se logren así nuevas oportunidades comerciales para el vino argentino. |