La intervención del gobierno de Brasil en el mercado cambiario logró voltear al super real. En lo que va del mes se desplomó 5,6% frente al dólar y, a excepción de la rupia de Sri Lanka, es la moneda mundial con peor desempeño en los últimos 21 días. La acción del gobierno y el banco central de Brasil (BCB) consiguió llevar a la moneda de nuevo a niveles superiores a los 1,80 por dólar, luego de haber tocado los 1,70 semanas atrás. La intervención requirió varios aumentos a los impuestos al ingreso de divisas y sucesivos recortes de tasa por parte de la autoridad monetaria. El aumento de impuestos a la entrada de capitales moderó un flujo cambiario positivo que empuja a la suba el valor del real. Hasta la tercera semana de marzo, el saldo cambiario brasileño alcanzo un resultado positivo de u$s 18.609 millones, un número de relevancia, pero que al menos se queda chico ante los u$s 34.660 millones que sumó en el mismo período de 2011. El recorte de tasas hecho por el BCB a principios de este mes bajó la Selic en 75 puntos básicos, un mega recorte que se sumó a varios más modestos hechos en los meses anteriores. Desde agosto del año pasado, la Selic retrocedió 275 puntos básicos, hasta llegar a su nivel actual de 9,75%. Toda esta batería de medidas confirmó que la apreciación de su moneda moneda se convirtió en el principal dolor de cabeza para la presidenta brasileña, Dilma Rousseff. Preocupada por el avance de los precios, en 2010 le ordenó a su ministro de Hacienda, Guido Mantega, encarar una política de enfriamiento que llevó al país a un aterrizaje forzoso en 2011. Durante esos 12 meses, el producto brasileño creció apenas 2,7%, luego de haber registrado una suba de 7,5% el año anterior.La causa de esa desaceleración, para Rousseff, Mantega y los industriales brasileños, fue la apreciación del real, y su impacto en la competitividad de la producción del país. En tiempos de tasas reales negativas y devaluación forzada en los países centrales, la política de tasas altas atrajo capitales de todo el mundo. El resultado fue un crecimiento casi nulo de la manufactura brasileña durante el año pasado. Rousseff y Mantega dejaron claro que no tolerarían otro año como el 2011. La principal defensa de Brasil es la administración de su tipo de cambio, dijo Mantega frente a senadores de su país días atrás. Rousseff, por su parte, dijo en una visita a Europa a principios de mes que su país tomará todas las medidas que sean necesarias para resistir el tsunami monetario que desencadenaron las naciones desarrolladas al devaluar sus monedas. La decisión de cuidar la producción local y volver aun crecimiento más sólido parece irrevocable, pero algunos críticos señalan riesgos: el de una disparada inflacionaria. La inflación anual a febrero en Brasil se desaceleró al 5,85%, pero todavía está lejos de su meta del 4,5%. Nuevos recortes de tasa podría caer debajo del 9% en breve generan temores de una disparada de precios. |