Por Carlos Olivieri, profesor de la Universidad Austral y la UTDT - Tal como se había pronosticado, el 2012, está funcionando como un buen año para la mayoría de las acciones internacionales: el índice S&P 500 subió 11 %, el Nasdaq un 18 % y hasta las acciones europeas están mostrando resultados ligeramente positivos. El Merval en dólares nos ofrecía, hasta finales de enero, un recorrido ascendente pero en las últimas semanas se desplomó hasta arrojar una pérdida de un 8%. ¿Qué pasa con los valores locales?
En primer lugar, hay que considerar que los valores accionarios habitualmente se miden en función del tipo de cambio que se obtiene de aplicar el contado con liquidación, es decir, tomando el tipo de cambio que resulta de comparar los precios de bonos y acciones en pesos en Argentina con los de su par en Nueva York, este tipo de cambio era de 4.66 (pesos por dólar) a fines del 2011 y el actual que oscila alrededor de 5.28, con lo cual el mercado de capitales refleja una devaluación del 13 % desde comienzos del 2012
Por otro lado, el efecto dividendos que viven las empresas argentinas es totalmente desfavorable, ya que es sabido que el Estado se ha manifestado en contra de la distribución de dividendos en las empresas donde posee participación y la gran mayoría de los bancos virtualmente se han visto impedidos de distribuir dividendos por las nuevas exigencias del BCRA en materia de capital. Recordemos que es muy extraño este tipo de limitaciones en otros países, máxime cuando un accionista debe pagar impuesto a los bienes personales por sus acciones en el país; en otras palabras, los accionistas no solo no cobran su remuneración por el capital invertido en acciones argentinas sino que deben pagar impuestos por su tenencia local. No sería más lógico permitir el pago de dividendos en bonos o cobrar impuestos a la distribución de dividendos si lo que se busca es evitar la descapitalización de las empresas?
Ahora bien, la situación de YPF también ha tenido su impacto y debe contarse como factor. Los inversores internacionales (y los locales también) miran atónitos como se les están quitando ciertas concesiones a YPF y, paralelamente, hay anuncios gubernamentales que no desmienten la posibilidad de una toma de control parcial por parte del Estado en esta compañía. Recordemos que, mientras YPF estuvo en manos del Estado sus pérdidas alcanzaron cifras siderales y existe el temor de que las mismas puedan volver a repetirse, por esta causa, muy pocos inversores quieren ser accionistas de YPF, empresa cuyo valor a fines de enero era de 16.000 millones de dólares y a comienzos de abril se había reducido a 8.850 millones.
El cuarto efecto (no menor), es el brindado por los resultados de las grandes empresas cotizantes argentinas durante el año 2011, los cuales fueron, en su mayoría, inferiores en términos nominales a los alcanzados durante el 2010 (a pesar de reflejar un importante crecimiento en su nivel de ventas). Mientras esto ocurre, el mercado de EE.UU., parece despertarse del letargo que duró hasta finales del año 2011 y el clima bursátil se ve favorecido por expectativas positivas que lo rodean, los resultados de sus empresas han mejorado notablemente y el índice de desempleo ha caído significativamente. Europa sigue mostrando que la crisis no terminó pero, por otro lado, las acciones de las grandes compañías del BRIC están mostrando un sólido comportamiento y su incremento. Por todo esto no es de extrañar que nuestras empresas valgan un 40 % menos que sus pares internacionales y la posibilidad de que nuestras empresas emitan acciones en el corto plazo par aumentar sus inversiones no resulta factible. Numerosas acciones argentinas merecen estar valoradas muy por encima de sus precios actuales.