| | Por: Pablo Wende - Aunque en forma pausada y por momentos casi imperceptible, el Banco Central alentó con nuevas compras la suba del dólar oficial. El mes pasado la cotización mayorista superó por primera vez el nivel de $ 4,40, finalizando el mes a $ 4,42, contra los $ 4,382 del cierre de marzo. Aunque el incremento de abril apenas alcanzó el 0,9% alcanzó para transformarse en el mes de mayor suba desde noviembre, es decir inmediatamente después de las restricciones impuestas por la AFIP para comprar divisas.
El primer trimestre del año el movimiento de la divisa se había movido en rangos aún más acotados, oscilando entre un 0,7% en enero al 0,5% en febrero, mientras que en marzo la suba había llegado al 0,6%. Con los aumentos de las últimas semanas, el tipo de cambio registra una suba del 2,6% en 2012. Y si se realiza una comparación interanual, el incremento es del 8,2%.
En un mercado en donde el Central es el único gran demandante, debido a las restricciones que tienen los grandes jugadores para intervenir, la estrategia oficial pasaría por mantener un ritmo de devaluación un poco más acelerado del peso.
Este cambio por ahora marginal de estrategia de Mercedes Marcó del Pont está vinculado a la suba que tuvo el dólar en el mercado paralelo, donde ya alcanza el nivel de $ 5,10, tras haber tocado picos cercanos a $ 5,20 la semana pasada. De esta forma, la brecha entre el mercado oficial y el informal ya se ubica en el 15,3%.
La ampliación de la brecha incluso podría agrandarse en los próximos meses, en la medida que el público y las compañías sigan con inconvenientes para acceder al dólar en el mercado oficial, por lo que terminan desviando su demanda a través del «blue» o mediante mecanismos bursátiles, a través del denominado «contado con liquidación».
Aunque en el Gobierno le quitan relevancia al dólar informal por el bajo monto diario de transacciones que registra, la suba en este mercado no deja de ser preocupante. Existe el peligro de que esa cotización ya por encima de los $ 5 termine trasladándose a los precios internos, al menos en algunos segmentos. Y además da lugar a maniobras especulativas: sucede que aquellos que son autorizados a comprar dólares en el mercado formal pueden darse vuelta con toda facilidad para vender esas divisas en el circuito informal, obteniendo una utilidad inmediata del 15%.
Es probable que ese incremento interanual del 8,2% que muestra la cotización del dólar se acelere, pero levemente en los próximos meses. El riesgo de que haya corrida cambiaria complique al BCRA, como sucedió entre julio y octubre del año pasado, cuando tuvo que vender hasta u$s 3.000 millones mensuales para evitar un salto del tipo de cambio, es prácticamente nulo. Al haberse limitado los compradores, las reservas quedan bien protegidas. Así lo reflejan los u$s 5.500 millones que la autoridad monetaria ya compró a lo largo del año.
Además, se aprovecharían los próximos dos meses de fuerte ingreso de divisas por la cosecha gruesa para salir a comprar mayor cantidad de divisas, aumentar los niveles de reservas y de paso mantener la escalada del tipo de cambio.
Los operadores, sin embargo, no esperan grandes sorpresas. El dólar a fin de diciembre cotiza a $ 4,755, con una tasa implícita del 11,3% anual. Por lo tanto, no se espera que el salto cambiario supere estos parámetros.
La titular del BCRA, Mercedes Marcó del Pont, sostiene que no hay atraso cambiario. Pero la suba de la inflación contra un incremento mucho más moderado del tipo de cambio acelera los precios locales medidos en dólares, lo que le quita competitividad a las exportaciones.
También se sigue de cerca la evolución del dólar en Brasil. El Gobierno de Dilma Rousseff le puso un piso a la revaluación del real. En consecuencia, el dólar saltó de 1,70 a 1,88. En la medida que se mantenga esta tendencia de suba del tipo de cambio, podría impactar en los planes del Central, que podría optar por acelerar también el ritmo devaluatorio. Pero el riesgo de que esto suceda es, por el momento, acotado. |
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