El Gobierno brasileño no augura presiones inflacionarias significativas derivadas de una moneda más débil, incluso si el real alcanza el nivel de dos unidades por dólar, dijo ayer una alta fuente del equipo económico de la presidenta Dilma Rousseff. Un tipo de cambio de dos reales por dólar no es una preocupación, dijo la fuente a Reuters, lo que sugiere que es improbable que las autoridades actúen de manera inmediata para detener al real en caso de un mayor debilitamiento. Una serie de altos funcionarios brasileños expresaron un punto de vista similar acerca del impacto de la moneda en la inflación, concentrándose más en los beneficios comerciales de un real más débil, que ha perdido un 13 por ciento frente al dólar desde comienzos de marzo. En Río de Janeiro, el ministro de Comercio, Fernando Pimentel, dijo que el real estaba en un buen nivel y que la reciente debilidad de la moneda era buena para los exportadores. En Brasilia el ministro de Hacienda, Guido Mantega, estuvo de acuerdo, restándole importancia a las preocupaciones entre los inversionistas de que la caída de la moneda pueda acelerar la inflación al elevar el costo de los bienes importados y materias primas. El real sufrió dos sesiones de agudas pérdidas esta semana que lo llevaron a cerca de sus mínimos de tres años el miércoles. La moneda repuntó levemente ayer para cerrar a 1,9485 unidades por dólar. El presidente del Banco Central de Brasil, Alexandre Tombini, subrayó que la reciente ola vendedora de reales estaba en línea con los mercados externos. Dijo que el banco está vigilando el impacto de la moneda en los precios, pero que pronosticaba que la inflación se desacelerará en los próximos tres meses. El dólar se fortaleció en los mercados internacionales la semana pasada. Ganó contra todas las monedas excepto el yen japonés, dijo a periodistas en Río de Janeiro. El Banco Central ciertamente seguirá vigilando el impacto de todos los factores sobre la inflación, incluyendo la moneda, agregó. Los comentarios de las autoridades reflejan el interés del Gobierno por evitar un fortalecimiento de la moneda, aún cuando Brasil tiene un tipo de cambio flotante en teoría. El Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff ha intervenido activamente en los mercados el último año para evitar que el real se fortalezca ante los enormes flujos de capital que han ingresado al país. |