Por MARIANO GORODISCH - Desde que el gobierno dispuso el corralito verde, son cada vez más los cambistas pululando por la City, al punto que se duplicó la cantidad de arbolitos: pasaron de unos 50 a un centenar, imponiendo la nueva cotización del dólar green. Es incluso unos centavos más cara que el blue que manejan las cuevas, que hoy sólo reciben clientes por contacto o referencia. De ahí que las autoridades hayan optado por salir a la caza de estos arbolitos que hacen negocios en el mercado negro.
Sin ir más lejos, la AFIP realizó ayer un operativo sorpresa en el microcentro porteño, que culminó con la detención de un arbolito en Lavalle y Florida, que ofrecía a viva voz la venta de dólares, euros y reales. Al ser consultado, el arbolito negó la actividad, pero la Policía le exigió vaciar sus bolsillos y quedó al descubierto una importante cantidad de dólares, euros y reales, además de una planilla en la que llevaba el control de las operaciones realizadas.
El mundo del dólar clandestino tiene, por supuesto, sus reglas y sus códigos. Y sus propios conflictos internos. Muchos cambistas argentinos se quejan hoy de sus colegas peruanos, acusados por competencia desleal. Es que ellos pueden pagar unos centavos más por los dólares porque ya los tienen colocados de antemano en su país. Allí existe una demanda permanente de billetes, indispensables para poder pagar negocios turbios. Nosotros, en cambio, tenemos que buscar alguna oficina donde quieran comprar divisas para poder descargar la operación, relata un cambista.
El fenómeno de los arbolitos se ha extendido claramente en los últimos tiempos de cepo forzado. En las galerías de Florida y de Lavalle cada vez hay más locales que se dedican al cambio paralelo. Desde luego, todos tienen alguna fachada, ya sea relacionada con el turismo como con la ropa.
En la puerta de sastrerías y negocios de venta de cuero se puede ver a arbolitos ofreciendo dólares. Incluso, en algunos locales aclaran que lo hacen bajo una seña: incluir la palabra cambio en su vitrina. Entonces, se puede encontrar letreros que anuncian desde cambio pilas, cambio monedas o cambio billetes.
La mayoría de los arbolitos trabaja a comisión. Y se han incorporado al rubro gente de la calle Florida que eran promotores de venta de ropa de cuero o de shows de tango, porque acá se puede ganar más. O, mejor dicho, comisionar más. Todo depende de la negociación que logre hacer el vendedor. Ayer, los arbolitos compraban dólares a $ 5,30 y los vendían a $ 5,70. Cuando la operación está cerrada, llevan al cliente al local dentro de la galería y le dicen al jefe que el cliente cambiará u$s 1.000 por $ 5.300. Como al arbolito le pagan a $ 5,40, se ganó $ 100 de comisión. En caso de que hubiera podido venderlo a $ 5,20, se hubiese ganado $ 200.
Los arbolitos suponen un dolor de cabeza para las casas de cambio porque muchas veces se paran enfrente de sus locales, y la gente piensa que trabajan para ellos. Y ante cualquier problema que surge, se van a quejar al local. Pero hay arbolitos que están desde hace más de un año en el mismo lugar, y entonces pasaron a ser confiables para muchos. En cambio, quienes suelen dar billetes truchos son algunos mozos de bar y taxistas. Cuando el pasajero paga, el conductor pone rápido los $ 100 en su billetera, que simula devolverle el mismo billete aduciendo que es falso.