Por IGNACIO OLIVERA DOLL - El drenaje de divisas sigue fuerte en los bancos y empieza a tener efectos directos sobre la política monetaria del Banco Central. En su vocación por acumular reservas, el organismo oficial llegó a comprar en estos diez días más de u$s 800 millones en el mercado cambiario. Pero vio reducirse su stock, sin embargo, en unos u$s 100 millones. Semejante desproporción pudo ser explicada en buena parte por la fuga de ahorros en dólares que, según cuentan desde los propios bancos, se mantuvo fuerte y sostenida desde que la AFIP cerró por completo el cepo cambiario (jueves 10 de mayo) hasta hoy.
El miedo ya arrasó con un 8% de los depósitos en moneda extranjera que tenían los bancos privados (unos u$s 400 millones) y con poco más del 2% en el resto del sistema (otros u$s 200 millones). Pero deja actualmente un balance bastante más desfavorable para el Banco Central que para las propias entidades. Esto porque, en general, los banqueros pueden mantener todavía un buen colchón de divisas; o porque, en el peor de los casos, eligen sobrellevar el drenaje reemplazando sus préstamos en dólares con nuevas colocaciones en pesos. Pero es el organismo oficial, en cambio, el que debe relegar una buena parte de sus divisas acumuladas cada vez que un ahorrista o una empresa reclama por sus dólares en la ventanilla. De los retiros que hubo en esta semana, al menos u$s 400 millones tuvieron que ser atendidos con encajes del Banco Central, comentó un alto ejecutivo de uno de los grandes bancos privados del país.
Las entidades tienen hoy una buena disponibilidad de divisas en las sucursales para atender estos retiros (se calcula que hoy cuentan con unos u$s 1.000 millones en billetes). Pero para mantenerla en buenos niveles más en situaciones de fuerte presión cambiaria como la actual, deben pedirle al Banco Central el envío de los dólares encajados.
Una caída en el stock de reservas del organismo oficial puede estar explicada, en general, por tres factores: la pérdida de valor que sufran los activos en los que están invertidas estas reservas (oro, euro y bonos del Tesoro); la cancelación de una deuda contraída por la entidad con otro banco central o un organismo de crédito internacional (en la gestión de Marcó del Pont se tomaron hasta u$s 5.000 millones del banco central de Francia y el BIS); y la demanda de encajes en dólares que los bancos del sistema necesitan hacer para atender el retiro de los depósitos de sus clientes.
Desde el Banco Central explican que, en estos días, el impacto de salida de depósitos es marginal y no representa un tema central para la entidad. Y justifican la dificultad para acumular reservas con el pago de unos u$s 500 millones que fue efectuado al BIS y un desfasaje que se creó en la liquidación de exportaciones por el cambio de normativa y su posterior suspensión. La norma modifica establecía que, una vez cobrada la venta al exterior, el exportador tenía un plazo de 15 días para liquidarla en el mercado cambiario. Pero en cuanto esta modificación fue revertida, quedó un stock de operaciones pendiente de liquidación que recién se empezó a volcar en el mercado en estos días. Los exportadores liquidaron todo junto y provocaron una salida de reservas, explicaron.