Por IGNACIO OLIVERA DOLL - Es la histórica disyuntiva que deambula en la mente de los ahorristas argentinos que no quieren congelar su dinero: comprar dólares o colocar el dinero en un plazo fijo en pesos. El debate es tan determinante en la Argentina que alcanza a explicar cuando no hay restricciones cambiarias el grado de liquidez que puede mostrar en las diferentes épocas el sistema financiero local. Cada vez que la expectativa de devaluación es mayor a la tasa de interés que paga un depósito bancario, los argentinos terminan decidiendo comprar dólares y evitar dejar el dinero colocado en el sistema. Y al contrario: cada vez que la tasa de interés bancaria supera a la expectativa de devaluación, los ahorristas olvidan al dólar y optan por prestar sus ahorros a las entidades financieras. Esta vez, claro, el estricto control de cambios impuesto por la AFIP alteró esa disyuntiva. Y el ahorrista que esperó un dólar más alto para el futuro no pudo optar con libertad: no sólo no pudo comprar divisas al precio oficial (sólo un 30% podía hacerlo hasta el 10 de mayo y casi nadie desde entonces a hoy), sino que se vio obligado a quedar posicionado en pesos y recibir, en el mejor de los casos, un retorno de apenas 12% anual por un plazo fijo bancario. Este impedimento cambiario explicó la enorme liquidez que tuvieron los bancos en estos meses, que llegaron a acumular $ 130.000 millones a plazos de entre 30 y 365 días. Pero significó a la vez un triste negocio para muchos ahorristas, frente a la última suba que empezó a trazar el dólar blue (el único accesible hoy en día, aunque por la vía ilegal, para la mayoría de los argentinos). El billete se encareció en sólo dos semanas un 20,86%: desde los $ 5,08 hasta los $ 6,14. Y dejó por esto, a quienes se volcaron a él, un retorno veinte veces mayor que el que percibieron los argentinos que optaron por el plazo fijo (menor al 1% mensual). Esto significa, concretamente, que por cada $ 100 que un ahorrista depositó en el banco a 30 días, recibió un beneficio menor a $ 1. Pero hubiera percibido, en cambio, por esos mismos $ 100, unos $ 20 adicionales si hubiera salido a comprar dólares en el mercado marginal (la cotización para la compra fue ayer de $ 6,11). El impacto puede medirse a nivel agregado si se considera la cantidad de pesos que los argentinos del sector privado había decidido colocar a plazo fijo en el sistema financiero. En el sistema había depositados, ese 9 de mayo, unos $ 130.000 millones. Casi la mitad ($ 64.913 millones) correspondían a inversores mayoristas (en general empresas) que hoy aún tienen buen acceso al dólar oficial. El resto, unos $ 65.087 millones, pertenecían a ahorristas minoristas (individuos) y equivalían por esa fecha a u$s 12.812 millones en el mercado blue. Hoy, sin embargo, esos mismos dólares se podrían cambiar por pesos en el mercado marginal: $ 78.281 millones. Con lo cual, el retorno total (del sistema entero) por apostar al blue hubiera sido a estos días de $ 13.194 millones. Sin embargo, quienes terminaron optando por un plazo fijo el 9 de mayo pasado el día en que la AFIP cerró por completo el cerrojo y empezó la escalada del blue quedaron presos de esa decisión hasta hoy y percibieron un beneficio total de apenas $ 650 millones. Llevan perdidos, al menos frente al blue, $ 12.500 millones. |