Sube el 11% contra canasta de monedas. Vuelve a ser refugio global. Resta competitividad El dólar se transformó en el gran refugio de los inversores, pero no sólo en la Argentina, sino en el mundo. El índice que mide la evolución de la divisa contra seis monedas de mercados desarrollados tocó ayer su máximo nivel en los últimos dos años: finalizó a 83,17 puntos, lo que representó una suba del 0,8%. Pero además acumula un incremento del 10,6% en los últimos doce meses, lo que demuestra que este fortalecimiento es algo más que una tendencia de corto plazo.
Este índice mide el comportamiento del dólar no sólo contra el euro, sino también contra otras monedas como el yen, el franco suizo, la libra y la corona sueca. La moneda europea dejó en claro que la debilidad de varios países de la región -ahora en particular de España- impacta ahora sí en forma directa en su cotización (cerró por debajo del 1,24). Pero casi todas las monedas del mundo se están debilitando contra un dólar que volvió a niveles que no se observaban desde mediados de 2010.
La búsqueda de protección en un momento de extrema incertidumbre se reflejó más claramente aún en los bonos del Tesoro norteamericano. Fue tal el aluvión de dinero que recibió este activo que las tasas de los bonos a diez años finalizaron en un mínimo histórico, a sólo el 1,62% anual, tras haber tocado niveles aún más bajos, del 1,60%. Como la inflación de Estados Unidos supera el 2% anual, está claro que los inversores privilegian incluso perder dinero en términos reales antes que estar posicionados en activos que pueden sufrir fuertes pérdidas, como acciones o bonos corporativos. La contracara de este súbito aumento del bono norteamericano fue la caída casi generalizada en Wall Street y en los mercados del mundo. La demanda hizo subir tanto el precio de los títulos norteamericanos que produjo un derrumbe de los rendimientos.
El dólar ha desplazado claramente al oro como refugio de valor en épocas de fuerte turbulencia. Mientras que la divisa recuperó niveles máximos en dos años, el oro ya está casi un 20% por debajo de los máximos. El metal había arrancado flojo hoy, pero se recuperó hasta ganar el 0,88%, cerrando a u$s 1.562.
Esta fortaleza del dólar impacta en la Argentina desde varios flancos, casi todos en forma negativa. Éstos son algunos de esos efectos:
Se devalúan no sólo las principales monedas, como el euro, sino también las de los países emergentes. Ayer el real volvió a ceder terreno, al finalizar en 2,015 por dólar. Por lo tanto, se abarata Brasil y la Argentina se vuelve más cara y menos competitiva para nuestro principal socio comercial. Desde que tocó niveles mínimos de 1,55 real a mediados de 2011, el dólar ya subió el 30% en Brasil.
Un dólar fuerte es sinónimo, además, de mayor debilidad en las materias primas, cuyos precios se fijan mundialmente en dólares. Este efecto, que no llega a ser dramático ni mucho menos, se notó en las últimas semanas, con una caída del precio de la soja desde máximos de u$s 550 hasta la zona de u$s 500. También el petróleo, que había superado los u$s 100, ahora cotiza por debajo de los u$s 90. Ayer, el crudo cerró en u$s 87,3, el valor más bajo desde octubre del año pasado tras una pérdida del 3,75%.
Como parte de las reservas internacionales están invertidas en euros y en oro, la debilidad de ambos activos le pega al stock que mantiene el Banco Central. Las compras de dólares que realiza la autoridad monetaria al intervenir en el mercado cambiario no se terminan reflejando en el nivel de reservas en parte por esta mala performance relacionada con la canasta de inversiones que efectúa la propia institución. El año pasado había mostrado un efecto favorable por el aumento del euro y especialmente del metal precioso; ahora, todo lo contrario.
Los productos argentinos se vuelven menos atractivos en un mundo que se devalúa en comparación con el dólar. La elevada inflación y un tipo de cambio que se mueve muy lento le ponen presión al Central para acelerar la devaluación y acompañar lo que sucede en Brasil y en otros mercados.
La gran incógnita es si la entidad que preside Mercedes Marcó del Pont reaccionará ante este cambio del escenario internacional. Una devaluación algo más acelerada del peso permitiría a los exportadores recuperar algo de la competitividad perdida. Claro que al mismo tiempo generaría todavía más inflación, porque las empresas sufrirán un aumento de los costos para importar insumos claves para la producción.
Otra alternativa en estudio es acelerar el ritmo de devaluación recién a partir de agosto. Esto permitiría al BCRA comprar «baratos», por debajo de
$ 4,50, los dólares que provienen de la exportación de la cosecha gruesa. Y luego de que entren esas divisas sería el momento para empezar a acelerar la suba del dólar oficial, al menos para equipararse con lo que está sucediendo en Brasil y en el resto del mundo.
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