Por Alfredo Sainz - Como si se tratara de una bomba de efecto retardado, los efectos del cepo a las importaciones y a la compra de dólares con el paso del tiempo no sólo se van intensificando, sino que también empiezan a generar daños colaterales en sectores que no estaban en la mira oficial. De entrada, la mayor tentación para muchos era considerar las medidas como un problema de los importadores y los operadores de la City financiera. Pero a medida que se van liquidando los stocks de productos terminados y de insumos industriales fabricados en el exterior, los inconvenientes empiezan a afectar a cada vez más sectores de la economía real y se profundiza la brecha entre los beneficiarios de la medida y sus víctimas. Uno de los problemas para Guillermo Moreno -el ideólogo detrás de estas medidas- es que del lado de los perdedores del modelo no siempre están todos los "malos" que intenta identificar el discurso oficial. La protesta de los cientos de comerciantes que ayer cortaron las calles de Once es una prueba contundente de que la prohibición que pesa sobre los productos importados ya dejó de ser un problema exclusivo de las boutiques de la avenida Alvear y de los vecinos del barrio de Recoleta. En el caso de Once, a las medidas macroeconómicas se sumaron los cambios comerciales que vivió la ciudad. En la última década, ese barrio perdió su condición de principal polo de indumentaria del país a manos de la calle Avellaneda, en el barrio de Flores. El dato no es menor ya que la industria de la confección figura a la cabeza de los sectores más beneficiados por el modelo proteccionista que impulsa la Secretaría de Comercio Interior, lo que explica, junto con otros factores, los precios exorbitantes de la ropa en el mercado argentino. En este sentido, los comerciantes de Once pueden sentir que están viviendo en el peor de los mundos, ya que cuando sus vecinos de Flores y Floresta decidieron profundizar su apuesta por el rubro textil a través de la apertura de miles de pequeños talleres y comercios de ropa, en la zona de Plaza de Miserere se multiplicó la presencia de locales mayoristas de juguetes, bijouterie y pequeños artículos de electrónica. Es decir, todos rubros en los que más allá de los esfuerzos de Moreno la leyenda "made in China" sigue siendo un sinónimo casi imbatible en todo el mundo -incluido el barrio de Once- de producto masivo y barato.. |