| | Por: Pablo Wende - De a poco, las tasas de interés en pesos comienzan a tomar color, luego de algunos meses de franco retroceso. En las últimas jornadas se produjo un incremento notorio en los rendimientos de plazos fijos. La Badlar (tasa de plazos fijos mayoristas) que publica diariamente el Banco Central ya muestra valores por encima del 13,50% anual. Pero en la práctica, las entidades están dispuestas a pagar por encima del 14% anual para capturar nuevos depósitos y, sobre todo, procurar que no se vayan. Para inversores minoristas, las tasas se ubican entre uno y dos puntos por debajo, pero la tendencia es igualmente alcista.
A mediados de mayo, hace apenas dos meses, la tasa mayorista había tocado mínimos del 11% anual, por lo que la suba en un corto plazo de tiempo ya superó los 2,50 puntos porcentuales.
La titular del Central, Mercedes Marcó del Pont, por otro lado, reconoció en apariciones públicas que no vería mal tasas un poco más altas para alentar el proceso de pesificación o, puesto de otra manera, que los ahorristas tengan menos incentivo para fugarse al dólar.
Más allá de la política monetaria laxa que mantiene el BCRA, la expectativa es que las tasas de interés continúen subiendo paulatinamente. De acuerdo con las estimaciones de algunas consultoras como Econviews, que dirige Miguel Kiguel, la Badlar llegaría al 17% anual para fin de año.
Estos niveles estarían alineados con el recorrido del dólar en el mercado oficial, que en los últimos dos meses mostró una tendencia más acelerada a la suba. De esta forma, si se acelera la devaluación del peso, la manera más lógica de retener depósitos en moneda local es incrementando las tasas.
Así, la política monetaria quedaría un poco más alineada de la siguiente forma: un aumento (leve) del ritmo de devaluación, junto con una suba de tasa de interés acompañado el aumento del dólar oficial. El objetivo sería, finalmente, evitar que se siga agrandando la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo, que actualmente se ubica en torno al 32%.
Entre los motivos que alentarían casi obligadamente a subir las tasas está el hecho de que los depósitos en pesos están creciendo a un ritmo mucho menor, como claramente se notó en junio. Los inversores optan, en realidad, por endeudarse en pesos, ante el aumento del tipo de cambio. Así se reflejó con el fuerte aumento del stock de préstamos al sector privado, que creció más del 4% en el último mes, a un ritmo superior a $ 11.000 millones.
También se especula que la ANSES podría comenzar a retirar plazos fijos de los bancos para hacer frente al programa de créditos hipotecarios, cuya primera licitación se realizará el 20 de agosto. El año pasado, cuando el organismo previsional retiró fondos, se produjo un incremento inmediato de las tasas.
Al mismo tiempo, la obligación impuesta por el Central para que las entidades presten el equivalente al 5% de sus depósitos privados para proyectos de inversión insumirá unos $ 15.000 millones en un año. Ante semejante requerimiento de fondos, la consecuencia natural es que se terminen pagando mayores tasas para conservar una buena posición de liquidez.
Los futuros del dólar, en los que también es protagonista el Central, también mantienen una tasa implícita que subió significativamente en los últimos meses, llegando a más del 15%. De esta forma, la autoridad monetaria plantea el escenario de un deslizamiento más acelerado del tipo de cambio, pero al mismo tiempo también sugiere que las tasas de interés seguirán aumentando en el futuro inmediato.
La duda es si las actuales restricciones cambiarias, cada vez más severas, terminarán por aumentar todavía más el dólar en el mercado paralelo, que ya roza los $ 6. La apuesta es que no aumente más el tipo de cambio informal, pero al mismo tiempo que suba más rápido el oficial para ir cerrando la brecha entre ambos. |
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