Hablando en plata, y sin considerar todavía el impacto pleno de los gastos en el exterior de los argentinos, ya significa, en los primeros meses del año, un rojo de US$500 millones. Parece un monto muy alto para un país que limita el ingreso de medicamentos debido a la falta de dólares.
Por esto mismo, y anticipando lo que podría ser un éxodo de argentinos al exterior en la próxima temporada estival, en los últimos días circuló muy fuerte la versión de un “dólar turista”, es decir, un valor para la divisa que se aplicaría para cancelar los gastos que realizan los argentinos en el exterior.
El primer tema a resolver es, obviamente, el precio de ese dólar. Más lejos, o cerca, del dólar negro o paralelo, indicaría, quizás, el monto de la potencial devaluación, o, al menos, la sobrevaluación estimada por el Gobierno del peso.
Por otra parte, están confusos los mecanismos. Una opción sería obligar al turista a pagar sus gastos directamente en dólares, pero si no le venden divisas (ni siquiera las del “dólar turista”), ¿dónde las compraría? ¿en cuevas o a los arbolitos? ¿la AFIP le preguntaría dónde los consiguió? Y si le venden dólares a un valor “x” (menor que el dólar paralelo), ¿cómo se evitarían maniobras de algún tipo en los gastos de las tarjetas? Hay muchos argentinos que ya vivieron con sistemas cambiarios desdoblados en dos, tres, o más tipos de cambios. Y aprendieron a burlar los controles.
Y al turista extranjero, ¿a qué valor le tomarían los dólares? Muchas preguntas que, seguramente, se tienen en cuenta. En principio ya comenzaron las trabas oficiosas al actual “dólar turista”.