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| ¿Adónde va el mercado paralelo? |
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24/07 - 09:18 Ambito Financiero |
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| | Por: Enrique Blasco Garma - Existe un arduo debate sobre las medidas económicas adoptadas desde fin de octubre, tras las elecciones presidenciales, y sus consecuencias.
La menos favorable es el cerramiento del mercado de cambios, pues dividió al mercado en dos: 1) el oficial, que actualmente abarca a la mayoría de las operaciones, y 2) el marginal, para las transacciones no admitidas, principalmente salidas de capitales y pagos no autorizados por diversas circunstancias. ¿Por qué esto es tan pernicioso si las transacciones marginales son de escasa cuantía?
El desdoblamiento dejó al peso sin ancla cambiaria. Desde la Ley de Convertibilidad, sancionada el 27/3 de 1991, el peso fue convertible a dólares, primero a la paridad fija de uno a uno. Luego, a partir de 2002, con libertad de comprar y vender, resultando en una paridad única, orientada por el BCRA. Ese régimen estabilizaba las expectativas respecto del valor futuro del peso, en su conversión a dólares libres, dándole respaldo. Ahora, a partir de las medidas recientes, la cotización del peso queda liberada de toda atadura, y expuesta a los altibajos de normas oficiales y reacciones individuales. Aquellos que volcaron sus ahorros a depósitos bancarios en pesos consiguieron durante un tiempo un rendimiento superior al obtenido con dólares en el exterior. En general, las inversiones de todo tipo en el país fueron alentadas por la garantía de poder salir a un tipo de cambio previsible. Las ventas de los dólares de esos ahorristas impulsaron la acumulación de reservas del BCRA y confirmaron el optimismo en las posibilidades de negocios en el país. La actividad económica tuvo el notable impulso conocido por todos.
A partir del desdoblamiento cambiario, los activos en pesos pierden grados de certidumbre. La consecuencia es menor demanda de pesos y mayor demanda de dólares. Cuando ese cambio de demandas se materializa sin modificar los stocks respectivos, no puede sorprender la alteración de los precios relativos de tales activos. La cotización marginal equilibra los deseos de los compradores con las oportunidades de los vendedores. El peso se quedó sin respaldo dólar.
La mayoría de las monedas del mundo es convertible a otras divisas. Sin embargo, las monedas de las naciones más avanzadas no se respaldan en la cotización de otra divisa. El dólar de EE.UU., de Canadá, Australia, el euro, yen o la libra esterlina, no están atados a la cotización fija de otra divisa. Su principal sustento es el compromiso de precios estables, una inflación inferior al 2% anual. Pero, además, son convertibles libremente a otras, de modo que sus poseedores pueden cambiarlas por otros activos sin restricciones ni variaciones de valor sorpresivas. Esas monedas tienen doble garantía, precios estables y libre convertibilidad en condiciones previsibles.
Algunas monedas de países en vías de desarrollo están atadas al dólar, u otra divisa, con una paridad estable y bastante previsible. Esas monedas atraen inversores pues ofrecen lo más apreciado: la posibilidad de salir, de retirarse y cambiar por otras monedas en condiciones anticipables. En general, no atraen las inversiones en donde no se puede salir fácilmente. En forma más precisa, el costo esperado de salir o de vender se toma muy en cuenta a la hora de decidir qué papeles o monedas comprar o dónde invertir. El Gobierno chino acaba de remover trabas a la transferencia de dividendos al exterior, para alentar nuevas inversiones en el país, alarmado por el enfriamiento de su economía. También abre el sector de las comunicaciones a las inversiones extranjeras.
Las monedas que no están atadas a una divisa suelen ofrecer un comportamiento acotado de precios (metas de inflación) creíbles y verificables. Además, cuentan con la libertad de cambiarse por otras monedas libremente. En los hechos, también una doble garantía.
En contraste, las monedas que no se condicionan a metas verificables de precios, explícitas o implícitas, sufren una desventaja competitiva. Cuando, además, sufren restricciones cambiarias inesperadas, la moneda es menos demandada y surgen las transacciones marginales o no autorizadas.
Muchos opinantes no reparan en la relevancia de la moneda y el crédito en la creación de valor. No advierten que cada transacción económica responde a la partida doble. Se entrega un bien o servicio para recibir un pago, expresado en una moneda o unidad de cuenta. Que luego se entregará para pagar trabajos y otros bienes, en el proceso productivo de ingresos. Lo financiero no puede ser separado de la generación de riqueza, sin coartarla severamente, el crédito y los bienes son dos caras del mismo negocio. Lo financiero y lo real están profundamente entroncados, no existe uno sin el otro, conforman el proceso productivo.
Los países que no se esmeran en atraer inversiones competitivas pierden oportunidades. Por eso es importante garantizar la moneda, darle sustento. |
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