Por IGNACIO OLIVERA DOLL - La idea de incumplir una regulación del Banco Central no duraría muchos minutos en la cabeza de un banquero argentino. Muchísimo menos en estos tiempos en los que nada parece negociarse ni consensuarse. Así y todo, la puesta en marcha de las líneas para Pymes anunciadas por Cristina mantiene en vilo desde hace semanas a una buena cantidad de funcionarios oficiales.
La impaciencia llegó a tal punto que en los últimos días hubo enviados del organimo oficial a algunas sucursales bancarias para consignar si, efectivamente, los banqueros estaban ofreciendo las nuevas líneas. Los enviados regresaron según la versión de fuentes oficiales con la conclusión de que en algunas entidades los créditos a tasas del 15,01% prácticamente no aparecían dentro del menú de opciones para las empresas, y de que muchas de las compañías que lo solicitaban quedaban finalmente rebotadas.
El problema: un scoring que en el Gobierno juzgan demasiado estricto; cuando no, incluso, demasiado noventista para los tiempos que corren: Venimos de nueve años sostenidos de crecimiento, no puede ser que algunos banqueros se manejen con el criterio de la década pasada a la hora de prestarles a las empresas, se quejaba ayer ante El Cronista una fuente oficial.
En los bancos argumentan, en cambio, que hoy el número de empresas que resulta desaprobada por el scoring para el otorgamiento de un crédito no es demasiado elevado. Y que en realidad la cifra de rebotes está representada en buena parte por la informalidad. A veces las compañías consideran que el scoring que utilizan los bancos les dio mal. Pero no podemos negar que la informalidad es muy alta, y a veces el problema está más en el hecho de que la documentación presentada en un banco quizá no cierra para el análisis crediticio. Hay empresas que no tienen carpeta crediticia en ningún banco porque nunca pidieron un crédito, explicó un ejecutivo.
En una entidad consultada por El Cronista calcularon que, actualmente, el nivel de aprobación está en un 70% para las empresas que terminan de completar la documentación necesaria. Nosotros incluso querríamos ayudar a las empresas a obtener el financiamiento, porque se trata de nuestra carta de presentación frente a ellas; queremos llevarnos bien con ellas para incluso añadirle otros productos, agregó.
El malestar contra los bancos empezó a gestarse la semana pasada, a sólo diez días de que los nuevos préstamos fueran anunciados por Cristina. Y fue alimentándose con el tiempo que demoraron las distintas entidades del sistema en implementar la norma. Hasta que ayer, finalmente, llegó al atril de Cristina: La verdad que los bancos son bastante mezquinos, lanzó la Presidenta. Hicieron una propaganda de Adeba sóla; podrían haber hecho una por cada banco para las líneas de crédito, ¿no?, como hacen para el consumo, agregó. Ayer, finalmente, la asociación de bancos extranjeros (ABA) hizo su parte con un audaz anuncio en los medios: Los bancos de ABA apoyamos la inversión productiva, se entusiasmó.
En las entidades se sorprenden hoy por la impaciencia oficial. Nos guste o no, tenemos que cumplir. Nunca podemos llevarnos mal con el regulador, se sinceró un ejecutivo ante El Cronista. Las líneas, dicen, ya están en marcha: Todos tenemos actualmente productos de este tipo para ofrecer, y todos tenemos un canal habilitado para los préstamos oficiales. Pero lo que no se puede hacer es salir a empapelar las sucursales, o salir a hacer una erogación fuerte de marketing, cuando no se tiene un montón de información clara, completó un gerente de préstamos.