De todas formas, la voluntaria soledad en la que se mueve el Banco Central único comprador de dólares del mercado mayorista no deja de condensar asombro: las prácticas sui generis están a la orden del día; los llamados telefónicos desde el BCRA a los jefes de las mesas de dinero para intimidar y lograr un compromiso que posponga la compra de dólares hasta nuevo aviso renuevan la sorpresa permanente del sector.
Ni hablar de la debacle de las casas de cambio que, en pleno proceso de reconversión de su negocio, buscan inútilmente señales del Gobierno. Estos comercios operan apenas el 5% del volumen que tenían el año pasado a esta altura y están acusados por Hacienda de haber participado activamente de la formación de activos externos, es decir, de haber colaborado en la fuga de capitales.
La menor cantidad de dólares del sistema financiero también han sumido a los bancos en una disyuntiva: ¿prefinanciar exportaciones en dólares a pesar de la constante salida de divisas del sistema o impulsar los mismos créditos pero en pesos? La respuesta es que los créditos para empresas en pesos crecieron casi 10% en junio contra 1,6% del mes anterior y que las pocas aplicaciones que tuvieron los dólares para los bancos hoy resultan incluso inferiores. Con menos pesos (desaceleración y uso intensivo) y menos dólares (fuga) en el sistema, la pulseada entre bancos y Gobierno es por la suba en la tasa de interés.
Es que no sólo los Caniggia Charlotte Shampein y Alexander le piden al conductor Marcelo Tinelli los dólares o, en su defecto, pesos al tipo de cambio blue; el BCRA también le pidió ayer a buena parte de la banca extranjera que se hagan a un lado y no compren dólares por cuenta propia ni de terceros. El único comprador es, entonces, el BCRA.
Tiene sentido entonces seguir de cerca los intentos que se hagan para emitir el bono de YPF y colocar una emisión de u$s 1.000 millones. La normativa exige que el emisor liquide esas divisas en el mercado local, es decir, que ese dinero sea liquidado al valor oficial. Inmediatamente esos u$s 1.000 millones pasarían a formar parte de las reservas del BCRA.
Las reglas que impuso el Banco Central, y que tuvieron como objetivo prohibir la compra de dólares para atesoramiento y dar de baja los créditos hipotecarios como argumento potencial, también han generado cambios en la compra-venta de inmuebles, los cheques de viajero, las jubilaciones, prefinanciación de exportaciones y hasta en las donaciones, usualmente utilizadas para girar dinero al exterior (hasta u$s 2 millones mensuales) y hoy reemplazadas por una cláusula que señala que sólo hay donación en casos de desastres naturales y urgencias sanitarias.
Pero el BCRA también duda y retrocede. Por ejemplo en los últimos días se flexibilizó el límite que tenían empresas como Western Union para enviar dinero, que pasó de $ 1.318 a $ 2.275 el monto máximo y bajó las tasas de 50% al 37% ya que las comisiones eran excesivas y en algunos casos los límites resultaban ridículos. También se ha revisado el plazo para liquidación de las exportaciones.
La presunción de que las compañías más grandes tenían una capacidad de autofinanciarse se transformó en el sustento de una medida que buscó acelerar el plazo de la liquidación de las exportaciones pero que le creó un enorme complicación al resto del universo exportador. Muestra de ello de la discrecional lógica que ha comenzado a desandar este camino, autorizando plazos más largos, empresa por empresa, con de distintas resoluciones. La expectativa por la liquidación de los Boden es otra curiosidad. Si bien se especula que ese dinero, al menos u$s 700 millones quedará en poder de bonistas locales, es imprecisa la idea sobre una potencial entrada de esos recursos en el mercado blue. Ningún inversor que tenga una cuenta comitente a través de un agente de bolsa puede retirar más de $ 50.000 por día en el Banco de Valores. A ello hay que agregar las distintas limitaciones de las entidades, que en muchas situaciones no tienen disponibilidad de grandes cantidades de billetes de dólar.