Para el kirchnerismo fortalecer al Estado es un objetivo casi excluyente. Al pasar fondos al Nación, el Gobierno también eleva su capacidad de prestar al Tesoro (es proporcional a sus depósitos). Esa meta no desata críticas puristas en el empresariado, que en cambio si reacciona frente a la desaprensión que siente el oficialismo por la inversión privada, actitud que no llega a ser reemplazada por la obligación impuesta a los bancos de elevar el crédito productivo.
Los controles cambiarios y el desconocimiento de marcos institucionales como el Ciadi no ayudan. El Ejecutivo quiere dólares, pero solo los que acepten sus reglas.