Por Javier Blanco - El creciente desequilibrio existente entre la emisión de dinero y la predisposición de los agentes económicos por mantenerse en pesos incrementó el riesgo de que la economía local ingrese en una etapa de mayor volatilidad cambiaria y monetaria.
Al menos así coincidieron en advertirlo distintos informes privados tras analizar por qué la inflación se mantiene elevada en un contexto de crecimiento escaso o nulo de la economía cuando, durante la crisis de 2009, el freno en la tasa de actividad había colaborado para desacelerar el ritmo de actualización de los precios.
"La inflación se mantiene elevada pese a la desaceleración de la economía debido a la enorme expansión monetaria registrada a lo largo del año", evaluó la consultora Finsoport, que dirige el ex viceministro de Economía Jorge Todesca.
"El impulso inflacionario proviene de la enorme expansión monetaria, a lo que hay que agregar el impacto que el cepo al dólar tuvo sobre las variables monetarias", indicó.
"El riesgo de volatilidad nominal cambiaria e inflacionaria se incrementó significativamente durante los últimos meses como resultado de la acumulación de una masa cada vez más significativa de liquidez excedente por parte del sector privado. Precisamente, esa liquidez es la principal razón por la que el Gobierno no podría retroceder ni un ápice con el esquema de control de cambios (aun si lo deseara) sin antes resolver las inconsistencias de fondo del supuesto «modelo» o hasta que la evolución positiva de algunas variables exógenas produzca un cambio significativo en las expectativas de los agentes locales", coincidió en advertir, por su parte, la consultora Ledesma, en su informe semanal.
En similares términos juzgó el fenómeno el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) al alertar mediante un informe mensual difundido ayer que en lo que resta del año cabe esperar "tensión" de precios y del tipo de cambio como consecuencia de la expansión monetaria que planea el Gobierno para cubrir el bache fiscal de las cuentas públicas.
"El dilema del segundo semestre será articular la expansión monetaria de origen fiscal (incluyendo la provocada por la compra de dólares del BCRA, que luego transfiere al Tesoro para el pago de deuda) con la capacidad de absorción de la demanda de dinero, es decir, el deseo de los agentes económicos de tener más pesos en su portafolio", apuntó.
Causas y efectos
Finsoport insiste en el impacto inflacionario que tiene la creciente emisión y recuerda que, a lo largo del año, el Banco Central (BCRA) ya le transfirió al Gobierno $ 51.162 millones. "Es fácil deducir que si semejante impulso monetario no se traduce en crecimiento de la economía se está volcando principalmente a los precios", reflexionó.
Los economistas de Ledesma, por el contrario, ponen el foco mayormente sobre el efecto del cepo cambiario que dejó a los particulares "presos en pesos" y recuerda que los últimos datos demuestran que los agentes "literalmente" decidieron sentarse arriba de esos pesos, dado que cerca del 80% del aumento que mostró la base monetaria en los últimos meses terminó como "circulante en poder del público".
"El ingreso al segundo semestre se hace con un fuerte envión de expansión monetaria", sostuvo el IAEF, antes de alertar que "en lo que resta del año la política monetaria estará más condicionada por la denominada dominancia fiscal".
Su informe recuerda que ya en 2011 el resultado financiero neto de ingresos extraordinarios en la última mitad del año implicó un déficit de $ 44.000 millones para el Tesoro. "Asumiendo una variación interanual del 26% en los ingresos y del 32% en los gastos primarios para lo que resta del año (una brecha 6 puntos inferior a la observada en el 1°T) ese déficit crecería hasta los $ 65.000 millones esta vez", estimó el IAEF..
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