Quedó lejos el escándalo que supieron provocar medidas como la obligación de tener cuenta bancaria en dólares para poder retirar billetes en cajeros del exterior. Aquel cepo light hoy podría hasta inducir cierta añoranza.
En plena vigencia del labertino burocrático para acceder a las divisas, con un plazo de apenas cinco días previos al viaje para efectuar la compra y montos que de ser autorizados resultan muy inferiores a lo requerido (enmascarando un cupo que desde el Gobierno se insiste en desmentir), finalmente llegó lo que muchos venían anticipando como inevitable en la lógica cambiaria oficial: la cruzada contra el tarjetazo, única vía liberada hasta ahora para consumir en el extranjero al conveniente precio del dólar oficial.
El dólar tarjeta se instala así para sumarse a la multitud de cotizaciones que hoy se cruzan en la gimnasia cambiaria que practican los argentinos, tironeados por expectativas de devaluación que no terminan de desactivarse y la resistencia a adentrarse en los vericuetos de la cuevas y su dólar a $ 6,40.
Un blue relativamente estabilizado en agosto invita a especular con un techo del dólar paralelo y la sensación de que el máximo de $ 6,80 tuvo mucho de sobrerreacción.
Pero las continuas reediciones del cepo con restricciones que se apilan no harán nada por suavizar la brecha cambiaria. El blue, por el contrario, quizás empiece a tentar a algunos. Por irracional que parezca a la otra mitad de los argentinos.