Sin posibilidad de acceso al mercado cambiario y con el renovado celo fiscalizador de la AFIP en mente, los argentinos aumentaron sus tenencias de efectivo un 37,2% en agosto respecto a un año atrás. Ese mismo mes, el 51% del dinero transaccional M2 en la jerga económica era circulante. Los billetes y monedas en los bolsillos de las familias superaron en su crecimiento al de las cajas de ahorro y cuenta corriente, que avanzaron 26,8% nominal en el mismo período. Es decir, que el público con capacidad de ahorro prefirió mantener los pesos en sus casas en lugar de en el banco.
Esa preferencia por pesos en papel tiene varias explicaciones. Al impedir el atesoramiento de dólares en el mercado oficial e, incluso, limitar la demanda de divisas con fines específicos como el turismo las familias se vieron forzadas a conservar una mayor parte de su flujo de ingresos en pesos.
Por otro lado, los controles destinados a cerrar el mercado cambiario repercuten en una mayor percepción de riesgo por parte de las empresas y familias que viven de la economía informal, empujando fuera del sistema financiero a sus excedentes.
Por último, la falta de instrumentos reales de ahorro e inversión desincentivan casi cualquier destino para esos pesos atesorados. El dólar formal no es accesible, la tasa de interés de los plazos fijos está más de 10 puntos porcentuales por debajo de la tasa de inflación y hasta la calma en el mercado paralelo de cambio el blue se estabilizó en una brecha del 35% por encima del dólar oficial eliminó la perspectiva de obtener un rendimiento por la inversión en el mercado informal.
El crecimiento del dinero en manos del público supera, incluso, al avance del consumo en un año de crecimiento económico cercano al cero. Esos recursos líquidos, dada la alta incertidumbre, no se destinan a generar nuevas transacciones privadas (consumo o inversión). Simplemente, se acumulan, sostuvo un informe de la Consultora Ledesma.
El stock creciente de dinero fuera del sistema le está haciendo un nada despreciable favor a la política de expansión monetaria de la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont. Le está ahorrando el costo inflacionario del crecimiento de la masa monetaria.
El riesgo es que el dinero transaccional no siga creciendo a este ritmo relativo y la tasa de inflación aumente. El M2 medido en términos de PBI, ya se encuentra en niveles históricos récord post-Rodrigazo, con lo cual se le podría hacer cuesta arriba seguir creciendo como lo ha venido haciendo, dijo Juan Manuel Pazos del Estudio Broda.
El problema, según Pazos, sería que cualquier aumento de las expectativas inflacionarias o una mayor expectativa de devaluación pueda debilitar la demanda de dinero. Nos da la sensación que la Argentina salió de la tasa de inflación en el entorno de 23% anual que mostró en los últimos años, y que en 2013 enfrentamos el riesgo de que se deteriore la demanda de dinero (sobre todo en un contexto en el que el Gobierno viene debilitando las anclas antinflacionarias como las tarifas congeladas, la tasa de devaluación por debajo de la tasa de inflación, etc.), con lo que podríamos terminar con una tasa de inflación mas alta, que empiece con 3 en vez de con 2, dijo.
Si bien hasta ahora no se generó una inestabilidad nominal mas allá de una moderada contribución a la inflación, no puede ignorarse el riesgo latente de que los agentes conviertan esa liquidez en bienes y servicios a cualquier precio, generando a la vez demanda e inflación de demanda, coincidió un informe de la consultora Elypsis.
Las expectativas económicas para 2013, con una mejor cosecha y un mejor desempeño de Brasil, están cambiando las previsiones para el año que viene. La vuelta al crecimiento, que las consultoras privadas calculan de entre 3 y 4 puntos porcentuales del PBI, puede ser la señal de largada para una recuperación del consumo que ponga a circular otra vez el dinero que los argentinos tienen en sus manos.
Más aún, en un año electoral como el próximo, si el Gobierno opta por aumentar el gasto agregado y fomentar el crédito, fogonearía aún más el proceso inflacionario.