Por Javier Blanco - La sostenida brecha abierta entre la cotización del dólar oficial y los múltiples y más rentables paralelos se ha convertido en una oferta muy tentadora que aprovechan algunos que tienen divisas extranjeras para volver a pasarse a pesos y dedicarse a gastos o inversiones locales, sin temer que la galopante y sostenida inflación esmerile su poder adquisitivo.
Sucede que, en el pase de monedas, obtienen diferencias que van del 30 al 35% y en todos los casos superan incluso el ritmo real de ajuste promedio que muestran los precios en la economía local.
No sólo eso: ese rendimiento se potencia aun más en los casos que estos pesos se dedican a la compra de bienes que, por las condiciones de mercado, registran actualizaciones menores a la inflación o de aquellos que, por impacto de la renovación tecnológica, tienden a reducir sus precios reales.
Hasta ahora, la estrategia había sido exitosa para quienes se habían volcado a las compra de autos importados o de inmuebles nuevos que sus desarrolladores pusieron en liquidación para recuperar capital de trabajo. Pero en ambos casos aparecieron los límites.
En septiembre, las ventas de autos se comprimieron casi 24%, según la Asociación de Concesionarios (Acara), y el ajuste mayor se dio entre los importados, ante la contracción que muestra la oferta por el cierre a las importaciones. Y los últimos datos sobre la evolución del mercado inmobiliario porteño muestran que la actividad en agosto se hundió 35% respecto de igual mes de 2011, en parte, porque las liquidaciones activadas por la irrupción del cepo comenzaron a agotarse.
Pero la novedad, por estos días, es que los que se apartan del dólar para poder sacarles un jugo extra a los pesos son inversores y empresas que mantenían divisas en el exterior y las reingresan por vía bursátil.
Lo hacen de este modo para evitar las transferencias bancarias u otros mecanismos, básicamente, porque éstos se liquidan al tipo de cambio oficial ($ 4,72). En cambio, con el arbitraje, utilizando alguna acción o un bono que cotice tanto aquí como en el exterior, el cambio se hace al valor del denominado "contado con liquidación".
La reversa del circuito
Los operadores bursátiles coinciden en señalar que detrás del achicamiento que mostró la brecha entre el dólar oficial y el dólar arbitraje, que llegó a superar el 45% en julio pero se redujo al 33% en las últimas semanas, se encuentra este mecanismo.
La evolución de la brecha entre el dólar oficial y el "contado con liqui" es indicativa del rumbo que toma el movimiento de capitales. Cuando se amplía, muestra que la fuga se está intensificando. Si se achica o tiende a cerrarse (como fue habitual hasta 2007, cuando el dólar ejercía menos atracción entre los argentinos), es porque el balance entre salidas e ingresos es más equilibrado.
"Esto fue lo que sucedió en las últimas semanas, porque así como muchas empresas acuden a él para reenviar al exterior las divisas que la actual normativa cambiaria les impide remesar, otras compañías acuden para reingresar dólares al país y aprovechar una conversión ventajosa", explicó un agente bursátil.
Tanto el envío como el ingreso de divisas por esta vía es legal. La normativa actual sólo exige que el instrumento que se usa para el cambio de moneda tiene que mantenerse en poder de su comprador por lo menos durante 72 horas hábiles.
La repatriación se realiza mediante una transacción bursátil por la cual el inversor compra en el exterior (en dólares) un bono o el ADR de una acción local para luego venderla aquí. Entre la compra en dólares y la venta en pesos, existe una diferencia de cotización que será la que, a la postre, determinará el tipo de cambio al cual se cerró la transferencia y la diferencia obtenida que, a valores del viernes, promediaba el 33 por ciento..
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