|
|
| ¿Qué rumbo tomará Wall Street? |
| ABC Mercado de Cambios S.C. comunica sobre la fuente de la siguiente nota: |
| Texto informativo:
11/10 - 09:25 Ambito Financiero |
Recomendar |
Imprimir |
|
| | Por: José Siaba Serrate - El récord reciente de Wall Street no es para festejar. Las cuatro últimas ruedas concluyeron en otros tantos retrocesos. La caída -unos 300 puntos en el Dow Jones- es imposible de ocultar. Si se pensaba que la temporada de balances corporativos acudiría al rescate, el debut de Alcoa no trajo ningún alivio. Los números que arrojó la compañía no fueron buenos, pero sí mejores que los esperados. O sea, correspondía al ánimo de los inversores dictar el curso de su cotización. Y la respuesta fue inequívoca: el pulgar hacia abajo. Nadie espera en EE.UU. que las ganancias de las empresas hayan crecido el último año (a septiembre) pero los precios de sus acciones, en el ínterin, aumentaron entre el 15% y el 20%. ¿No es hora de dar por terminado el paseo? Es verdad que las expectativas son todavía favorables para 2013. El consenso baraja una expansión del 13% en la rentabilidad por acción, pero la experiencia enseña que, si el entorno económico no mejora de manera drástica, el mero paso del tiempo obligará a limar una y otra vez las previsiones.
Wall Street está en una encrucijada. Entiéndase bien: nada necesariamente grave si se toma en cuenta el avance abultado que todavía acumula en sus alforjas. Pero no deja de ser por ello un cruce de caminos. De un lado, los bancos centrales del G-7 y su promesa de activar la artillería monetaria son una invitación solapada para que la infantería inversora no recule y ataque nuevas posiciones. Del otro lado, desfilan los motivos de tan generosa invitación. La debilidad de la recuperación global, la probabilidad de alguno que otro desmayo, la saga inconclusa de Europa, la acechanza del precipicio fiscal en EE.UU.
¿Qué rumbo tomar? Es lo que no se define. En septiembre, la gran cruzada de la Fed y el BCE impulsó a Wall Street a nuevas alturas. Pero hace (casi) un mes que la expedición se detuvo. El BCE comprará deuda soberana (sin afectar la cantidad de dinero) y ello calma los nervios. Pero la oferta es condicional. Y los Gobiernos de la eurozona lejos de apurar su cumplimiento, dan largas al asunto. Alemania, el campeón de los salvatajes, ya no tiene prisa. Y Draghi, el titular del BCE, no soltará un céntimo si no recibe una petición de rescate. Asistimos así a un equilibrio de palabra. Alcanza para alejar el tábano fastidioso de la corrida contra los bonos de la periferia del euro, pero, por lo visto, no para mucho más. La Fed, por su parte, enterró sus pruritos y anunció el bendito QE3. Que es distinto a sus predecesores. La dosis mensual, al inicio, será más baja. Pero el QE3 no tiene límites de monto. Su vigencia estará atada a la satisfacción de un objetivo de empleo. Hasta que no mejoren las condiciones laborales en forma sustancial, la Fed comprará bonos largos. Y como la situación de partida es cenagosa, y la tasa de conversión de QE3 a puestos de trabajo tampoco promete ser espectacular, puede deducirse que habrá que comprar una extraordinaria cantidad de bonos. ¿No debería montarse la Bolsa al lomo de esta oportunidad? Así lo hizo en el QE1 y el QE2. Pero, de momento, desconfía. Las malas noticias económicas duelen en los portafolios y no los gratifican. Ergo: el QE3 no cotiza aún como una panacea. Si lo hiciera, la reacción sería al revés. Cuanto peor sería mejor ya que obligaría a la Fed a extender la aplicación. No funciona así: las malas noticias son malas noticias nomás y nadie está seguro de que la mera compra de bonos pueda remediarlas.
Ningún índice de acciones anticipó mejor esta tensión entre el estímulo de los bancos centrales y la fatiga de la economía real que el Dow Jones de Transportes. Ya lo dijimos en esta columna: mientras el Dow Jones Industrial clavaba récord tras récord (post-Lehman), la tendencia de la cesta de Transportes exhibe una declinación persistente desde sus ya lejanos máximos de julio de 2011. No se sumó a la euforia. Uno de sus componentes, la acción de FedEx, fue precisamente la que clavó el puñal de la duda, el mes pasado, cuando todavía duraba la breve efervescencia por el QE3. ¿Qué conocía el DJ de Transportes que los demás índices ignoraban? La pesadez de demanda que mostró el balance de FedEx al informar sus despachos. Conviene seguir esa pista. A mediados de septiembre, el papel merodeaba los 91 dólares. Cerró en 89 un día antes de reportar sus cifras. Y cuando lo hizo, se desmoronó bajando en cinco ruedas consecutivas hasta tocar piso en 84. Es curioso: cuando el Dow Industrial empezó a trastabillar, FedEx hizo pie. Y ayer se cruzaron los recorridos: el Dow Industrial se hundió casi el 1%, y FedEx trepó más del 4%. Fugazmente volvió al nivel de 91 dólares para cerrar en 90,26 dólares. En el último mes, FedEx subió más que el Dow Jones Industrial y no puede decirse que haya sido a caballo de otra cosa que no fueran los avatares de su negocio (estrechamente correlacionados con la marcha de la economía real). ¿Hacia dónde irá Wall Street? Si se lo mira en perspectiva, lo que dibuja es un serrucho. Con dientes más afilados, el viaje circular de FedEx sugiere un destino parecido. Falta un gatillo para definir una ruptura. A FedEx lo ayudó ratificar ayer los números de su trimestral y el horizonte de ganancias para todo el año. Wall Street, dado el «put» implícito de Bernanke y Draghi, tiene más cobertura a la baja. Sólo que para subir tendrá que poner lo suyo sobre la mesa. Quizás los balances de los bancos (este viernes es el turno de JP Morgan y Wells Fargo) puedan satisfacer ese rol de bujía. |
|
|
 |
| ABC Mercado de Cambios S.C. le acerca las noticias y novedades de mayor trascendencia relacionadas
con el comercio y operaciones cambiarias a través de una fuente
segura y confiable. |
|
Nota:
Haga click sobre la noticia o novedad que desea ver |
|
1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 |
|
|
|
|