Luego de un breve cocktail en el hall del hotel, los 900 inscriptos al evento ingresaron al salón principal del subsuelo preparados para degustar de la cena, pero fundamentalmente para escuchar a Lula, la gran estrella del coloquio. Su discurso comenzó a las 21.15, se extendió durante más de una hora y estuvo mediado por aplausos en varias oportunidades y algunos chistes sobre fútbol, que nunca faltan, y que apelaron a la risa y el orgullo de los empresarios argentinos por la actuación de Lionel Messi en las eliminatorias para el Mundial 2014.
La crisis económica mundial fue uno de los ejes de su exposición. Repasó los motivos del estallido del 2008-2009 y culpó como suele hacer Cristina Fernández a los organismos internacionales de crédito y a los bancos por avalar recetas que no resultaron. En la crisis del 2008, los organismos que decían que sabían todo cuando nosotros teníamos las crisis, no sabían qué decir. Ahora nos deberían preguntar cómo hicimos para bajar el desempleo y llegar a ser la 6º economía del mundo, manifestó Lula.
El ex presidente de Brasil criticó las políticas que están adoptando los países desarrollados y defendió, por el contrario, las estrategias adoptadas por la región. Se mostró orgulloso del matrimonio Kirchner, de Hugo Chávez en Venezuela y de Evo Morales en Bolivia, y aseguró que América Latina atraviesa uno de los ciclos más prometedores de su historia. Reflejó con cifras el mayor crecimiento del comercio sur-sur que el promedio mundial y se mostró sumamente optimista: Lo tenemos todo para avanzar juntos. El principal reto es fortalecer las estructuras que ya existen para apalancar el sistema.
Al referirse al vínculo entre la Argentina y Brasil, la necesidad de afianzar la alianza, no sólo de los gobiernos, sino también de los empresarios fue el gran mensaje que Lula dejó anoche en el coloquio. No podemos aislarnos. Seremos más prósperos y respetados en el mundo si estamos juntos, afirmó. Se refirió a la gran amistad que lo une con el gobierno de Cristina Fernández y les pidió a los empresarios de ambos países que se asocien para ser más fuertes. A los brasileños había varios en la cena, les dijo: No pueden dejar que los llamen imperialistas por las calles de Buenos Aires por comprarse las empresas argentinas. Tienen que asociarse.
Sólo se atrevió a aceptar las divergencias en el fútbol. Deseamos que los brasileños aprendan a bailar tango y ustedes samba, que las culturas se entrecrucen, pero con el fútbol no hay arreglo, enfatizó, seguido de risas por parte del auditorio.