«De la mano de la salida de capitales, la Argentina se desaceleró. Si bien los controles lograron frenar la fuga, los escenarios cambiaron: la economía se estabilizó a mediados de este año». La frase es de Vladimir Werning, economista argentino que es director ejecutivo en JP Morgan en Nueva York. Werning participó como expositor ayer de la Conferencia Anual de FIEL, que se hizo en el Hotel Sheraton de Retiro.
Además de Werning, también expusieron José De Gregorio, expresidente del Banco Central de Chile y exministro de Economía; Joaquín Cottani, economista jefe para Latinoamérica del Citi; Juan José Cruces, decano de la escuela de negocios de la Universidad Torcuato di Tella; Pablo Guidotti, exviceministro de Economía; y los anfitriones: Daniel Artana, Marcela Cristini y Mónica Panadeiros.
A la jornada, que terminó con un almuerzo, asistió un público de más de 250 personas. Se los pudo ver a Miguel Kiguel, Juan Luis Bour, Enrique Szewach, Eduardo Levy Yeyati, Adalberto Rodríguez Giavarini, Adolfo Sturzenegger, José María Dagnino Pastore, Alieto Guadagni y Daniel Alvarado, entre otros.
Daniel Artana
El tamaño del Estado en la economía creció mucho. En 1961, la proporción del gasto público sobre PBI era de 30 puntos. Hoy esa relación alcanza los 43,5.
La Argentina presenta niveles de empleo público elevado en comparación con otros países. Esto es explicado en gran parte por los números de las provincias.
Además de un exceso en el uso del trabajo en provincias, existe un premio en salarios en el sector público ya que cobran más que en el privado y trabajan menos horas. Todo esto explica un 2,7% del PBI.
De una lista de 99 países, sólo 7 tienen un porcentaje de incremento del gasto público consolidado entre 2003 y 2011 mayor al 10%. Y, si bien la Argentina no ocupa el primer lugar (lo hace Ecuador, con un 19,2%), sí está en el segundo lugar, con un 16%.
Da la sensación de que en la Argentina gastamos mucho y gastamos mal.
Joaquín Cottani
A la expansión del crédito lo dominan los mismos factores que explican el crecimiento económico, como la confianza y el aumento del precio de los commodities, entre otros. La confianza genera crédito y éste genera inflación. Entonces los bancos centrales, para atemperar el ciclo, aumentan las tasas de interés.
El problema que va a venir es una aceleración del crecimiento del crédito y, en ese sentido, se traduce en qué va a ocurrir con el tipo de cambio real en los países de la región.
En países como Brasil, donde se duplicó el crédito, que de hecho hoy representa el 50 por ciento del PBI está relacionado con el aumento de las reservas internacionales. Es por eso que el Banco Central interviene en el tipo de cambio, así mantiene la tasa de inflación, pero el crédito se expande y se exacerba la apreciación cambiaria. Entonces la regla de Taylor se vuelve ineficaz para controlar el crédito.
Cuando hay más confianza, los bancos se sienten más predispuestos a prestar. Pero la tasa de interés tiene poco poder ya que contribuye a traer capitales y, así, al fortalecimiento de la moneda.
Vladimir Werning
En el pasado siempre mirábamos a Europa y, a América Latina, como el hermano menor. Pero hoy éstos crecieron e incluso ya nos miran desde arriba.
Esperamos desde JP Morgan para este año un crecimiento del 2,4% para el mundo, con fuerte contribución de los emergentes.
En Estados Unidos hay que ver todavía cómo se resuelve el precipicio fiscal. Aun en un escenario positivo, le va a costar crecer.
China, al ser comparado con el resto de la región asiática, tuvo un buen año. El dato positivo es que se espera un aterrizaje suave: lograron sin mucho estímulo bancario ni fiscal que la misma economía encontrara equilibrio.
El gran logro de la región es la estabilización macroeconómica. Los países se independizaron de Estados Unidos.
Sin embargo, el crecimiento en la industria en toda la región está cayendo.
Existe una alta confianza sobre la actividad en México y en Chile. En Brasil hay bonanza de consumo. En la Argentina la situación es diferente: estamos en desventaja en cómo el sector privado interpreta la situación para adelante.
Pablo Guidotti
Brasil, Uruguay y la Argentina enfrentaron crisis a fines de los 90. A pesar de que las condiciones fueron similares, las respuestas fueron diferentes.
En la Argentina se optó por el default y la pesificación asimétrica, que fue la mayor transferencia de riqueza.
Con la devaluación, se dio una pérdida de poder de compra de los salarios. El Gobierno apareció entonces como aliado a los sindicatos para la recuperación del salario real.
Con la crisis mundial de 2008 y 2009, la respuesta de la Argentina fue un aumento de la expansión del gasto público, uso de las reservas para pago de deuda, mayor devaluación del peso, estatización de las AFJP e intento de aumentar las retenciones del agro.
Desde la recuperación de la economía internacional en 2010, la creciente inflación se tradujo en pérdida de competitividad.
La Argentina está siendo cada vez más dependiente de factores exógenos, como el clima y Brasil.
Las reservas son cada vez una porción menor de los agregados monetarios y de los depósitos.
En el corto plazo, la respuesta del Gobierno va a ser una mayor presión impositiva y más proteccionismo.
Pero en el mediano plazo, la pregunta es qué va a hacer que la Argentina quiebre con esta lógica. No tengo la respuesta, pero seguramente no va a venir de la clase gobernante. |