El Gobierno brasileño sigue desactivando la batería de impuestos que alguna vez colocó para frenar el alza del real. Ahora, con una moneda que empezaba a devaluarse más allá de lo deseado (por arriba de los 2,10 por dólar), volvió sobre sus pasos. Ayer el ministro de Haciendo, Guido Mantega, anunció una flexibilización de los impuestos para los préstamos contratados en el exterior con el fin de estimular el ingreso de los capitales productivos. Esto se suma a otra medida lanzada el día anterior. El resultado fue un fortalecimiento del real. La moneda brasileña finalizó por debajo de los 2,10 contra el dólar. El real subió casi 1% y la cotización quedó en 2,097 por moneda estadounidense. La visión del Gobierno de Dilma Rousseff es que una devaluación del real es positiva para la economía (por el aumento de la productividad) pero hasta cierto límite. Evidentemente el 2,10 es la barrera que Rousseff no quiere quebrar por ahora. Creemos que con la tasa de intereses más baja aquí en Brasil no existe más la atracción de capital especulativo y de arbitraje, como se entiende la compraventa de moneda extranjera en otros países para lucrar a corto plazo, señaló Mantega a periodistas en Brasilia. El ministro señaló que la captación de recursos en el exterior será para capital de giro e inversiones de las empresas y nosotros desde el Gobierno estamos facilitando eso. Con la nueva norma, sólo serán tributadas con el Impuesto sobre Operaciones Financieras (IOF), equivalente al 6%, los contratos de préstamos con un plazo inferior a 360 días. En marzo, para contener la fuerte apreciación del real frente al dólar, el Gobierno retomó el IOF para créditos contratados en el exterior con vencimiento pactado a cinco años, pero en junio redujo la medida para los préstamos inferiores a 720 días de plazo. Mantega descartó que la medida sea una consecuencia de la reciente depreciación de la moneda brasileña frente a la estadounidense, que condujo al Banco Central a tomar iniciativas para facilitar la entrada de dólares al país. La medida sobre el IOF es para facilitar la vida de las empresas y de los bancos en un momento en el que disminuye el arbitraje cambiario, pues antes la gente traía recursos a Brasil sólo para aplicar y ganar con los intereses y ahora los traerá para aplicaciones productivas, explicó. Mantega reafirmó que el cambio es flotante y no tiene un límite, pero subrayó que como la tasa cambiaria está más equilibrada hay menos volatilidad y con eso se reducirá la necesidad de intervenciones del Gobierno. El Gobierno había modificado el plazo para los pagos anticipados a exportadores, algo que fue ampliado de uno a cinco años, con el objetivo de atender al aumento de la demanda lo que permitiría mayor ingreso de divisas. |