Por Hernan de Goñi - Hay un debate de política económica que está cobrando fuerza en el cierre del año. Los empresarios están poniendo sobre la mesa, como lo hizo ayer Paolo Rocca, que el modelo de crecimiento basado en el consumo interno se está agotando cada vez más rápido. Aunque el Gobierno no asume este planteo como una discusión pública a la que deba dar respuesta, a nivel interno hay conciencia de que ciertas correcciones son inevitables.
Hasta ahora la demanda se sostuvo por un salario que crecía por encima de los precios, y el impuesto inflacionario como financiador de planes sociales, jubilaciones y obra pública. Pero este objetivo se hizo cada vez más difícil de alcanzar. Rubros como alimentos y servicios funcionaron bien, pero empujando la inflación por encima de lo deseado. A su vez, el estancamiento fabril fue potenciado por la caída exportadora.
Al freno en la inversión, el Gobierno respondió con créditos forzosos. Frente a la inflación que carcome la competitividad, moderó la emisión monetaria y relanzó el Pacto Social. A la necesidad de impulsar el consumo, comprometió una reforma de Ganancias que libere ingresos. Hay un sendero, pero si esto no se hilvana de forma articulada y consistente, tampoco habrá un mapa de negocios. El Estado debería asumir que en su intento de reemplazar al mercado se está quedando exhausto.