Pese a que se observa un importante aumento de las exportaciones y del superávit comercial, a más de 20 meses de la salida de la convertibilidad y de la devaluación desordenada del peso, el comercio exterior no está mostrando los resultados positivos prometidos por quienes sostenían que la Argentina necesitaba devaluar para mejorar su competitividad en el mundo.
La mejora exportadora responde a una importante suba de las cotizaciones internacionales de los productos primarios que exporta el país, más que a otros factores. De hecho, las manufacturas de origen industrial muestran para los primeros seis meses de este año una caída de 4,3% en relación a igual período del año anterior, lo que queda oculto detrás de la importante mejora de las exportaciones de granos y sus subproductos, entre otros rubros beneficiados con la suba de los precios internacionales.
De hecho, las ventas al exterior de productos primarios (sin energía y combustibles) y de las manufacturas de origen agropecuario (con el boom de la soja a la cabeza) crecieron 16,1% en el primer semestre de este año respecto del primero de 2002. Vale resaltar, para completar este panorama, que las exportaciones totales ya habían caído, pese a la devaluación, durante el año pasado en relación a 2001. En números, en 2002 se vendieron al exterior productos por 25.708 millones de dólares, una pérdida de 3,4% respecto a los 26.610 registrados en 2001, el año previo a la salida de la convertibilidad.
En relación a la otra variable que se exhibe a veces como un hecho positivo, el enorme superávit comercial que este año oscilará en unos 17.000 millones de dólares (igual que Brasil), esto se explica aquí no por una pujanza exportadora, sino por una caída dramática de las importaciones, debido a una combinación de recesión y dólar alto. Pese a esto, hace meses las importaciones han comenzado a subir desde el subsuelo en que se ubican, y entre ellas las compras al exterior de bienes de capital. De persistir esto, se trata de una muy buena noticia, aunque se relaciona más con la reactivación y en principio ocurre pese a la devaluación.
Con estos datos, persisten serias dudas de que la fuerte mejora de la competitividad se haya concretado de la mano de un dólar que en términos nominales se triplicó y que en términos reales se duplicó cómodamente. La realidad, a casi dos años de aquel evento, es que los efectos negativos de esto (brutal caída de salarios, triplicación de la deuda/PIB, desastre financiero por la pesificación asimétrica, recesión, etcétera) parecen ser mucho más serios que los beneficios esperados y prometidos por la devaluación.
Curiosamente, el sector que mejor respondió a esta mejora cambiaria es el campo, que fue castigado por las retenciones, Otros sectores, como las economías regionales o el turismo, también han mejorado sus ventas al exterior. Sin duda, el 1 a 1 era insostenible en un mundo de guerra de devaluaciones, pero hay que preguntarse si los problemas de competitividad de la industria, en este contexto mundial, se explican por la variable cambiaria... |