Por Julián Guarino - El 2012 quedara en el recuerdo como el año donde la pesificación se afianzó, si bien las causas que le dieron origen, el atraso cambiario, la fuga de capitales y la consecuente carestía de dólares para comprar energía en el exterior, pueden ser rastreados de periodos anteriores. Para aquellos que asistieron al prodigioso espectáculo del dólar y su múltiple desdoblamiento, la evidencia del cepo y su vigencia ha quedado rubricada en una brecha que aparece consolidada entre el precio oficial y el paralelo, que tocó casi 50% durante el año apenas instrumentada la prohibición de atesorar billetes, pero que luego, con el correr de los meses, se afianzó en una distancia del 35%. De todas formas, quedará la pregunta planteada, que implica toda hipótesis, y que insinúa el Banco Central, quien parece haber acelerado sobre fin de año la devaluación oficial a una tasa anualizada del 20% para responder a una pérdida de competitividad planteada por la inflación y la depreciación del real brasileño.
Por otro lado, el costo del dinero cierra el año con fuerte presión alcista pero bajo control. Las últimas medidas que tomó el BCRA (que los bancos destinen 10% de los depósitos para préstamos a la producción) podría enhebrar una serie de subas que dejaría la tasa de referencia cerca del 20%. Habrá que ver si la emisión monetaria, un remedio peligroso, puede neutralizar esa presión. Piedra libre entonces para quienes gustan de hacer plazofijismo, es decir una forma de compensar una parte de la pérdida de poder adquisitivo. No menos importante (por lo mala) fue la endeble performance del mercado bursátil, un globo de ensayo para acciones y bonos que transitaron de atrás para adelante a merced de la amenaza de default técnico por parte del juez Griesa, el alza del riesgo país, la estatización de YPF y las prohibiciones al comercio exterior y al giro de los dividendos.
Volviendo al dólar, desde el plano de las finanzas personales, el ahorro perdió a uno de sus puntales de referencia. Para las familias, para las empresas, todo fue un desafío, una suerte de jugada donde la inflación, el consumo y, sobre todo el ahorro, sufrieron una suerte dispar. Si el ahorro es la base de la fortuna, afortunados entonces aquellos que pudieron ahorrar.