Tras la instrumentación del cepo cambiario, y la consecuente desaparición de la “fuga de capitales” en el sistema financiero, la desconfianza que sienten los argentinos sobre su propia moneda y la economía local empezó a quedar reflejada en un nuevo indicador: la creciente cantidad de dinero que el sector privado evita ahora dejar depositado en el banco y guardar en forma de efectivo (billetes y monedas) para tenerlo disponible ante un próximo consumo. Es dinero que nutre y engrandece el segmento informal de la economía, y que muchas veces puede no regresar al sistema (forma parte de lo que se considera conceptualmente “fuga”). El último informe cambiario del Banco Central, con datos hasta el 21 de diciembre pasado, mostró que la cantidad de dinero en la economía se expandió en unos $ 80.000 millones de pesos a lo largo del 2012; pero que, de estos, $ 60.000 millones se mantuvieron circulando como billetes y monedas en poder del público. Los destinos que prevén los banqueros para estos pesos no son demasiado auspiciosos: el consumo, que alimenta aún más la inflación; o el mercado cambiario paralelo, que le da vuelo al único dólar accesible para los ahorristas argentinos: el blue. |