Junto a otros funcionarios, se ampara para ello en la presentación mensual de un índice de precios al consumidor alternativo, con justificaciones metodológicas insostenibles de cara al objetivo necesario de medir la inflación, índice que la enorme mayoría de los argentinos considera que no representa la realidad de este peligroso flagelo sufrido de modo especial por los más pobres.
No contento con esta destructiva tarea, en notas como la publicada ayer en el El Cronista Itzcovich se dedica también a atacar gestiones anteriores, tal vez intentando así lavar sus horrores.
Credibilidad
En el caso particular de la gestión de la que fui responsable como secretario de programación económica, no sólo dejamos un Indec cuya credibilidad no era puesta en duda. También desmentimos públicamente a las más altas autoridades de la República. Cuando dudaron del índice de desempleo del Indec afirmamos entonces textualmente: Todas las estadísticas del Indec son confiables.
Hoy no puede decirse lo mismo; y si Itzcovich tiene dudas al respecto, le reitero mi recomendación de hace tiempo de realizar una consulta a la sociedad argentina, sobre la credibilidad que le otorga a las estadísticas del Indec. Es una lástima que esto ocurra así porque, aunque no estoy al tanto de todos los detalles, tengo la impresión de que muchas, quizás la mayoría, de las áreas del Indec siguen reflejando razonablemente la realidad en sus estadísticas. En cuanto a sus afirmaciones de que durante mi gestión y otras dejamos capas geológicas de personal para facilitar la entrega de información no pública, debo decir que son falsas en lo que a mi concierne y le sugiero a Itzcovich ser más prudente y no calumniar. Nada humano es eterno.