Por Hernan de Goñi, Subdirector Periodístico - Para un gobierno poco afecto a la creación de expectativas, la política económica suele ser interpretada por la estela que dejan sus decisiones. Cuando todas las señales van en un mismo sentido, empresarios e inversores asumen que hubo una indicación que creó ese rumbo, y a partir de ese análisis manejan sus propios tableros de control.
En los últimos tiempos, sin embargo, cuesta discernir qué objetivos moldearán la política fiscal y monetaria. Por el frente externo, no hay perspectiva de cambios. Habrá más dólares en 2013, pero por las dudas continuará el control para administrar su uso.
Varios funcionarios, entre ellos la propia Presidenta, comenzaron a hacer alusiones públicas a la inflación. Si bien eso se reflejaba en las presiones informales para moderar las paritarias, ahora se empezó a admitir el impacto de los mayores impuestos, el alza de las tarifas y hasta de los servicios que cobran los privados.
Si bien hubo indicios de moderación fiscal en septiembre y octubre, nada de eso se verá en los meses finales del año. En 2012 el BCRA transfirió u$s 20.000 millones por todo concepto, y aunque el discurso ortodoxo sobre la inflación no prima, está claro que este nivel preocupa. Pero todavía no se ve la estela de una potencial reacción oficial.