El aniversario de la Día de la Industria encontró al sector en un proceso de recuperación que arrancó en 2002, tres meses después del abandono del régimen de la convertibilidad. Así, en el segundo trimestre la producción fabril superó en 7,8% el nivel del igual período de 2001, en plena recesión, mientras que en relación al segundo trimestre de 1998, pico de los ’90, la brecha se acortó a 5,1%.
Al comienzo la reactivación se basó en el incremento de las exportaciones y sobre todo, la sustitución de importaciones y, a partir de 2003, en el aumento del consumo privado y la inversión. Sobre esta base la producción fabril creció 16% durante el año pasado. Pero desde el segundo trimestre el ritmo comenzó a desacelerarse, especialmente en las ramas que trabajan al tope de la capacidad instalada.
Si bien todavía no es un limitante general, el ritmo de producción comenzó a ajustarse a los niveles de inversión. Este año la inversión cerrará en 17% del PIB, nivel que alcanza para clausurar la descapitalización. Sin embargo se necesita superar el umbral de 20% para mantener el crecimiento.
El Palacio de Hacienda abordó el problema con algunas medidas de estímulo a la inversión. El Gobierno, por ejemplo, reglamentó ayer el incentivo fiscal que posibilitará la amortización acelerada y (alternativamente) la devolución anticipada del IVA en las compras de bienes de capital. Antes había dispuesto la prórroga del bono fiscal del 14% a los fabricantes de esos bienes en compensación por la reducción a cero del arancel de importación; la prolongación del régimen de importación de plantas llave en mano (resistida por los fabricantes locales); la bonificación de las tasas de interés en créditos para Pymes destinados a la adquisición de máquinas de origen nacional.
Sin embargo, la principal medida que modificó la situación de la industria (el cambio de precios relativo consecuencia de la devaluación), no tiene el mismo impacto inicial. El incremento de los costos internos redujo la ganancia de competitivida, y en algunas ramas resurgió con fuerza el fantasma de la importación, particularmente la proveniente de Brasil. Fabricantes de calzado, textiles, juguetes, línea blanca, e incluso maquinaria agrícola emitieron señales de alerta y en algunos casos negociaron topes a los bienes de ese origen.
El problema preocupa al Gobierno. Recientemente, el secretario de Industria, Alberto Dumont, manifestó su oposición a la puesta en vigencia del libre mercado automotriz en el Mercosur a partir del próximo 1 de enero. El titular de Adimra (metalúrgicos), Manfredo Arheit, se pronunció ayer en igual sentido, denunciando "los negativos efectos del modelo de integración productiva y comercial vigente en el bloque subregional".
Los fabricantes locales observaron reiteradamente las asimetrías existentes con el principal socio del Mercosur. Pero la principal asimetría es de política económica: la diferencia entre tener un programa de industrialización y carecer de él, caracterizó la historia económica de los dos países en las últimas tres décadas