Por G. Thomas Sims - FRANCFORT — Quizás la baja productividad en Europa no sea, después de todo, resultado de horarios de trabajo más cortos o de una tecnología inadecuada, sino que de una mala gestión. Managing for mediocrity (algo así como Gestionar para la mediocridad), un estudio publicado hoy por Proudfoot Consulting, hizo un seguimiento de trabajadores de nueve países durante más de 10.000 horas y concluyó que sus jefes son los responsables de la baja productividad, algo que va en contra de lo que hasta ahora se creía. "Se puede atribuir la culpa a los gestores y acusarlos de una planificación y controles insuficientes, y de llevar a cabo una supervisión inadecuada", dice el comunicado que acompaña el estudio. A Andreas Kiffe, que trabaja en Francfort en una de las mayores instituciones financieras de Alemania, le parece una afirmación certera. Kiffe asegura que sería más productivo si su supervisor estuviera más encima de su trabajo. "Ahora mismo mi jefe está de vacaciones y en este momento esto está bastante tranquilo", dice con una sonrisa. Por razones obvias, el banquero prefirió mantener en el anonimato el nombre de su empleador. Y esa es la actitud en Alemania, que entre los países incluidos en el estudio registró el menor número de días laborales "perdidos" por trabajador al año (sólo 74 en total), lo que sugiere que quizás tenga cierto sentido hablar de la eficiencia alemana. Un día perdido se define como un día laboral completo en el que el trabajador no ha logrado un resultado. Estados Unidos, donde el presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan ha alabado el aumento de la productividad durante la década pasada, se sitúa en un lugar intermedio en el estudio, con un promedio de 96 días laborales perdidos por trabajador cada año. ¿Y qué país obtuvo los peores resultados con 127 días perdidos? Una pista: tiene una semana laboral oficial de 35 horas. La respuesta es Francia. Esto implica gigantescos costos económicos. En EE.UU., los días perdidos costaron US$800.000 millones, un 7,3% del Producto Interno Bruto. El estudio afirma que los presidentes ejecutivos no ponen la suficiente atención en mejorar el control y supervisión de la gestión y no son totalmente conscientes de su capacidad para afectar negativamente la productividad laboral. "Es [una situación] desafortunada, porque hacer frente a estas debilidades podría representar una gran diferencia en el crecimiento de la productividad en el futuro", señala el trabajo. En los últimos años, los economistas han tratado de entender las razones que se esconden detrás de la baja productividad en grandes economías como la europea. El asunto se vuelve más importante a medida que envejece la población. En los años venideros, una fuerza laboral más reducida necesitará ser más productiva para mantener al creciente número de jubilados. A diferencia del estudio de Proudfoot, el Banco Central Europeo concluyó hace unos meses que la productividad en Europa se estaba viendo afectada principalmente porque las empresas no habían sido capaces de adoptar nuevas tecnologías, un argumento más habitual. El BCE mostró que el crecimiento anual de la productividad en la zona euro se ha desacelerado desde mediados de los años 80, al pasar del 1,9% en los 80 a un 0,9% entre 1996 y 2003. También creció la diferencia de productividad entre la zona euro y EE.UU. |