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| La Bolsa aún cree en un futuro mejor |
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15/02 - 09:20 Ambito Financiero |
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Por: José Siaba Serrate - Si las estadísticas no mienten, ¿será que miente la Bolsa? Las cifras económicas del cuarto trimestre no podían ser más pobres. La doble recesión europea -que se arrastra desde 2011- se profundizó. La Unión de los 27 se contrajo el 0,5% con respecto al trimestre anterior, mientras la eurozona -la Europa de los 17- cayó el 0,6%. Mermas, en términos anualizados, del 2% y del 2,4%, respectivamente. ¿Y qué Bolsas fueron las más destacadas en la segunda mitad de 2012? Las europeas. Si se toma el índice Euro-Stoxx 600, entre sus mínimos de junio pasado y el cierre de diciembre se aprecia un salto del 20%. La canasta -que incluye acciones de 18 países de la región- anotó otra suba del 3,8% en la primera parte del año. Se dice que la Bolsa anticipa. Es claro que lo que alienta las cotizaciones no puede ser este traspié de la economía real (de hondura mayor que la esperada). Sí ayudó la magia del BCE -la audaz movida de Mario Draghi a favor de la intervención en el mercado de deuda-: contuvo la crisis financiera, aunque, por lo visto, no alcanza todavía para sacar al Viejo Continente del pozo de su menguante actividad.
No sólo pena Europa, Japón también decepcionó en el cuarto trimestre. Las expectativas apostaban al inicio de una recuperación a un ritmo anualizado del 0,4%, y si bien acertaron la cifra, equivocaron el signo. La recesión nipona acumula así tres trimestres al hilo y, sin embargo, el Nikkei no se privó de ensayar un rally vibrante que orilla el 30%. Como en Europa, el viraje de políticas es la estrella que guía el rumbo de las cotizaciones. En noviembre, la elección de Shinzo Abe desató una tromba eufórica de novedades. La más reciente señala la intención de las autoridades de fijar como objetivo que el Nikkei escale otro 17% hacia fines de marzo. Vivimos en un tiempo de políticas no convencionales, y ya nada llama mucho la atención, pero qué mejor ejemplo de la amplia brecha que media entre la módica realidad actual y el ímpetu de los precios de las acciones. Si la burocracia de Tokio da en el blanco, y el Nikkei cotiza a 13 mil puntos, en un mes y medio, ¿hará falta que la economía acompañe? ¿O dará lo mismo?
EE.UU. tampoco cerró bien 2012 (pese a esquivar el abismo fiscal con un acuerdo bipartidario de última hora). Las cifras del cuarto trimestre arrojan una levísima reducción del producto, aunque es muy probable que sean revisadas al alza. Como se ve, el año que pasó fue tan áspero para la economía global como generoso para las Bolsas. Y esa plataforma enclenque no impidió que 2013 arrancara con pie firmísimo. En Wall Street, por caso, el rally sumó otra ráfaga de avances -del 6%- y quedó posicionado para quebrar los máximos absolutos, los que datan de antes que despuntara la crisis en 2007. La pregunta es obvia, ¿tiene gollete esa pretensión? ¿Se basa en algo más que en el incesante despliegue de políticas monetarias y financieras de sostén extremo?
Quien dude de los fundamentos de la bonanza bursátil, recibió ayer un camión de evidencias para abonar su escepticismo. Pero el rally continuará en pie. La razón principal es que las Bolsas no niegan la pesadez de 2012 -aunque quizás ignoren su verdadera profundidad- ni ella las arredra: de hecho, apuestan a la recuperación de 2013. Y esta es una historia (convenientemente) fechada para el segundo semestre. La razón secundaria es la gravitación de una inercia favorable. Mantener la confianza en Europa puede ser arduo, pero lo imposible ya se logró: lanzar un rally como un ave fénix desde las cenizas (tanto que la Bolsa de Atenas duplicó sus cotizaciones). La estacionalidad es propicia: aún se está lejos de los idus de mayo. Se corren los riesgos de apostar a favor porque se cree que los demás, con todo un año por delante para corregir eventuales errores, también lo harán. Y se sabe que si el error es grave, los bancos centrales saldrán al ruedo para evitar un descalabro. Por último, la idea de una recuperación de la economía real no es descabellada. La Bolsa, a diferencia de la mujer de Lot, siempre mira hacia adelante. Y puede mostrar indicios de un crecimiento más firme (a seis meses vista) como los que arriman los indicadores líderes de la OCDE, mes a mes, desde septiembre. Son atisbos de una mejoría en ciernes, no evidencia sólida. La idea de la recuperación no es descabellada, pero tampoco es una realidad tangible. Lo que es real es que, a su influjo, las Bolsas se codean con las alturas. Así, la brecha con el estancamiento de la economía global registrado a fines de 2012 es un potencial abismo. Hoy no asusta a nadie, y no será motivo que inhiba nuevos récords. Pero la ventana de oportunidad comenzará a cerrarse cuando se acerque la hora del "sell in May". Visto así, los malos datos del cuarto trimestre no son tan malos. No si se piensa que serán la vara para examinar, en un par de meses, la bondad de la tesis de la recuperación. |
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