• Por: Ignacio Olivera Doll
La invitación del presidente de la Comisión Nacional de Valores (CNV), Alejandro Vanoli, pretendió ayer ser prácticamente masiva: quería volver a explicar a todos los agentes del mercado, a grandes trazos y junto al secretario de Finanzas, Adrián Cosentino, el plan de integración bursátil que prevé la reforma oficial votada el año pasado en el Congreso. El funcionario aprovechó para informarles que el 15 de marzo próximo será el plazo definitivo que deberán tener en cuenta para presentar algún proyecto de «integración» de Bolsas en el país.
En el modesto subsuelo de 25 de Mayo al 100, las mesas dispuestas en forma de rectángulo parecieron replicar el debate de un siglo atrás: en una esquina, y a la izquierda de los funcionarios, quedó sentado el titular de la Bolsa de Comercio, Adelmo Gabbi, el hombre que el Gobierno parece haber señalado como un emblema del «unitarismo» bursátil que dice querer combatir; en el resto, sobre cada uno de los costados, fueron ubicados los representantes de las Bolsas del interior del país, engolosinados en los últimos meses con la propuesta oficial que los invita a participar en un nuevo y gran «mercado federal». «Todos somos uno y uno somos todos», buscó conmover, en ese contexto, el titular de la CNV.
La puesta en escena resultó demasiado incómoda para Gabbi. Vanoli invitó a cada de uno los asistentes a dar una opinión sobre el proyecto. Y el micrófono echado a rodar en las mesas fue recolectando las dóciles opiniones de siempre: «Adeba adhiere y celebra la convocatoria oficial y apoya el mecanismo de trabajo en el que las partes deberán avanzar rápidamente», comentó el director ejecutivo de esa entidad, Norberto Peruzzotti. Le siguió el presidente de la Bolsa de Chaco, Manuel García Solá: «Durante estos años nos encontramos con una visión excesivamente centralista; el nuevo país se deberá expresar», apuntó. Sólo un poco después, Fabián Torres, de la Caja de Valores, dijo: «Hay que dejar de lado los nombres propios; este mercado potencialmente da para mucho más», reclamó. Luis Abrego, del Mercado de Valores de Mendoza, quiso ir más allá: «Nosotros, incluso bastante antes del 15 de marzo, podemos hacer llegar un papel a la CNV», propuso.
El mensaje de adhesión se escuchó tantas veces que el titular de la asociación que nuclea a los bancos extranjeros (ABA), Claudio Cesário, prefirió evitar la redundancia y desestimar el ofrecimiento del micrófono. El banquero sólo decidió hacerlo cuando Vanoli le reclamó, con buen modo, la opinión. «Estamos de acuerdo y nos pondremos a trabajar en la propuesta para el 15 de marzo», le respondió.
Lenguaje
Semejante cuadro había dejado a Gabbi obligado a sumarse al discurso y acompañar el lenguaje de la federalización: «Tengo que ser sincero: no pensé que íbamos a tener esta oportunidad de participar. Lo que podemos contar desde la Bolsa es que, previo a esto, habíamos llegado a un entendimiento con el Merval para constituir una sociedad y ofrecerle a participar en ésta a todos los jugadores del país y formar un mercado inclusivo. Todos van a poder participar: acá no hay chicos ni grandes», convocó. «Hoy debe decirse, incluso, que el modelo de la Caja de Valores no es inclusivo porque le da una gran prioridad a los porteños en detrimento del interior», concedió. Su invitación había llegado demasiado tarde para atenuar el impulso con el que ya parecían haberse sentado los agentes. Y más, aún, para contener la dicotomía del relato pensado por el propio Vanoli para la ocasión: la alternativa de optar entre un mercado de valores «unitario», como el que existió históricamente en la Argentina; o uno «federal», sin la concentración de siempre, como el que prometen. |