Lejos quedó el tsunami de dólares del que alguna vez se quejó Dilma Rousseff y que Brasil buscó combatir con una ingeniería de controles. El saldo cambiario de la cuenta comercial y financiera fue de u$s 16.750 millones en 2012, contra u$s 65.230 millones en 2011.
La práctica está demostrando que con tasas de interés a mínimos históricos (7,25%), una reducción millonaria de impuestos y un tipo de cambio más competitivo, Brasil no logra repuntar. El PBI tuvo su peor desempeño en tres años al aumentar 0,9% para 2012, y la inflación, que se sitúa en un 6%, amenaza con atravesar el techo aceptado por el Banco Central.
Esto explica que la política económica de Brasil se haya concentrado demasiado en estimular el consumo y sin generar mayores niveles de inversión. El mercado laboral se tornó rígido, con costos muy altos, lo que llevó al gobierno a bajar los impuestos. Pero la industria no tiene confianza que estas medidas se sostengan en el tiempo, explicó Flavia Cattan-Naslausky, analista de RBS Global Banking & Markets.
Mientras se prepara para las elecciones de 2014, Dilma Rouseff debe enfrentar otro dilema que puede tener un impacto negativo. La inflación da signos de aceleración pese al enfriamiento de la economía. En opinión de Cattan-Naslausky, lo que puede revertir esta tendencia es un incremento de la inversión. De esta manera, la tasa de interés se ajustaría naturalmente sin la necesidad de la intervención del gobierno, agregó.
La preocupación de Rousseff por la inflación llegó al punto de que el presidente del Banco Bentral, Alexandre Tombini, sorprendió al mercado hace pocos días dando a entender que estaba dispuesto a subir las tasas para calmar las expectativas inflacionarias.
En esa misma línea, el banco también está actuando en el mercado para evitar que el real se deprecie demasiado. Tal como señala un informe de Nomura, el gobierno evaluó con cautela el papel del real para restablecer la competitividad industrial. Hubo un claro cambio en la dirección de la política monetaria y ya no deberán esperarse más devaluaciones competitivas mientras que la inflación se mantenga alta.
Pese a que ya no entran dólares como antes, el real está recuperando algo del terreno perdido. En febrero, la moneda brasileña fue la que más se fortaleció contra el dólar (0,7%), en un mes en el que la mayoría de las monedas se debilitaron. Y desde el mínimo que tocó a fines de noviembre (2,13 por dólar) ya se apreció 7,5%, la mayor suba entre todas las monedas que sigue Bloomberg.
La apreciación del real trae buenas noticias para Argentina, al ganar mayor competitividad en el comercio bilateral, pero el impacto no será tan significativo. Dilma no va a permitir que el tipo de cambio se aprecie demasiado, sostuvo Soledad Perez Duhalde, coordinadora de análisis macreconomico de abeceb.com. Su análisis concuerda con las predicciones del informe de Nomura, que avizora una apreciación modesta del tipo de cambio, consistente con moderados niveles de crecimiento e incremento de la tasa de interés.