A nivel mundial, los sistemas financieros tienden a representar en promedio el 160% del valor agregado global, indica el último informe de la consultora AMF. Por supuesto, la incidencia de los países desarrollados contribuye a aumentar esta media internacional, dado que su aporte en materia de activos bancarios duplica el Producto Bruto Interno (PIB). En el mundo emergente, la realidad es bien diferente pese a la contribución de los países asiáticos (cuyos activos bancarios superan largamente el equivalente a un PIB), donde nada tienen que envidiarle a los elevados estándares que aporta el mundo desarrollado, explican. Fuera de la panacea asiática, la media de América Latina, África y las regiones de la Europa emergente ronda entre 50% y el 60% del tamaño de sus respectivas economías. Los activos de los bancos argentinos promediaron en 2012 el equivalente a 30% del PIB, reflejando un elevado nivel de raquitismo inusitado frente a los estándares regionales y mundiales (ver gráfico). En otros palabras, podría deducirse que a los activos de los bancos argentinos les falta el equivalente a unos 30 puntos del PIB (aproximadamente u$s 150.000 millones) que podrían estar financiando las distintas actividades productivas y de servicios en el país. Esta falta de correlación entre las dimensiones del sistema bancario nacional y el regional (en realidad, con el de gran parte del mundo emergente) revela, por sobre todas las cosas, serias deficiencias en la canalización del ahorro de los agentes económicos locales hacia el sistema financiero institucionalizado. Como dato ilustrativo, el sector privado argentino acumulaba en el ejercicio 2011 activos externos por u$s 190.000 millones, de los cuales sólo el 15% estaba destinado a bienes productivos e inmuebles, en tanto el 85% restante (u$s 160.000 millones) constituía inversiones de cartera y otros activos externos. De esta última cifra, aproximadamente la cuarta parte (unos u$s 40.000 millones) se había radicado en el exterior durante los últimos tres años. |