Son días de introspección y recogimiento en la city porteña. En medio de las obras de remodelación y pavimentado que Mauricio Macri lleva a cabo para dar a luz el nuevo microcentro, y bajo la íntima consigna que impone la Pascua, las menudas veredas extrañan la suciedad de los miles de transeúntes que suelen inquietarla. Hay menos gente y, por ende, menos actividad comercial. También hay menos arbolitos (de los que hablan) y los negocios en las mesas de dinero que sustentan las operaciones del mercado blue parecen haber quedado sumidas a su mínima expresión.
Todos hablan de Moreno. Y, cada tanto, hay alguno que confiesa, o dice, que es imposible, inaplicable, absurdo ponerle un precio tan bajo al dólar. La referencia es para el secretario de Comercio Interior, que el viernes dijo a los cambistas que hicieran lo imposible para dejarlo en $ 6,50, especulando con un correveydile de las grandes casas de cambio a los fugitivos hacedores del dólar informal.
Ayer, 48 horas hábiles después de ese ultimátum, el dólar blue navegaba en las plácidas aguas de los $ 8,30, varios centavos por debajo del máximo de $ 8,75, pero muy lejos de los $ 6,50. El dato que inquietaba era el freno en la caída, el mínimo rebote de 3 centavos, o, en la traducción, que al efecto Moreno se le habría terminado la fuerza.
Uno de los principales jugadores del mercado blue, con varias mesas de dinero, cree que las intenciones de Moreno fueron bien interpretadas por los principales operadores, pero que subyace otro problema. Hicimos lo que dijo Moreno, nos salimos del mercado, pero los negocios que nosotros no hacemos, los están haciendo otros, cooperativas, otros jugadores que usualmente se mantienen en la periferia, señaló.
Esta sería, en opinión del operador, la razón por la cual el valor del blue rebotó en la jornada de ayer. Se hicieron menos negocios pero el precio lo sostuvieron cooperativas y cuevas que usualmente manejan un volumen menor y ahora, con el campo libre, hacen de las suyas y no tienen que responderle a Moreno, agregó.