Aferrado a la idea de que la apreciación cambiaria es, hasta ahora, una especulación sin argumentos de los grandes jugadores del sistema financiero, el Banco Central ensayó en lo que va del año una suba del dólar que, anualizada, se ubica apenas debajo del 17%, y que persiste todavía lejos de la inflación real que miden las provincias y las consultoras privadas (estimada en un 25% anual). A este ritmo, la divisa oficial terminaría 2013 con un precio de $ 5,75 en el mercado oficial; y el "blue" pasaría a venderse a $ 9,50 si la brecha se mantuviera en los mismos niveles.
Así y todo, la presidenta del BCRA, Mercedes Marcó del Pont, que dijo este fin de semana que su organismo no tiene previsto hacer una devaluación después de las elecciones, parece haberse visto obligada en marzo a darle un poco de velocidad a la divisa del mercado oficial. Y a aplicar sobre ella, de este modo, el mayor avance mensual de los últimos cuatro años: una suba de 1,58% en el mes, que supone una tasa anualizada del 19% por primera vez desde marzo de 2009. Con esto, el dólar oficial ya logró avanzar por arriba de los $ 5,10 que el Gobierno estimó como promedio para 2013 en el Presupuesto nacional.
El Gobierno ya había denunciado, en los meses previos a las elecciones de octubre de 2011, un esfuerzo de los especuladores por forzar una devaluación del tipo de cambio una vez pasados los comicios. Había descartado de plano esa posibilidad, tras considerar que hasta entonces la gestión kirchnerista había sufrido cinco corridas cambiarias del mercado. La presunción del mercado terminó por cristalizarse sólo una semana después del proceso electoral, cuando la AFIP se vio obligada a instalar un inédito cepo sobre la venta de dólares. El mecanismo eludió la devaluación del tipo de cambio oficial, pero disparó la del billete en el mercado informal y terminó por confirmar que, a ese precio, las reservas del Banco Central no alcanzaban para todos los que en esos meses pretendían dolarizarse. Ahora, el mercado está presumiendo algo similar: que por la pérdida de competitividad acumulada, por un lado, y por la fuerte caída de reservas del último tiempo, por otro, el organismo deberá apurar tarde o temprano una devaluación cambiaria (o alguna alternativa exótica, similar a la que implementó en octubre de 2011). Marcó del Pont criticó este fin de semana los dos argumentos: "He visto a un economista decir que si el tipo de cambio se ajustara por los precios internos tendría que valer tanto. Es poco serio. ¿Qué país ajustó su tipo de cambio en función de los precios? También están los nostálgicos de la convertibilidad, que siguen sacando la cuenta según la relación entre reservas y base monetaria", se despachó en una charla con un portal de militantes K. Esta relación entre las reservas y la base monetaria (los pesos que hoy circulan en la economía) permite inferir a qué precio de dólar el Banco Central podría salir completamente ileso de una corrida cambiaria. Con el stock actual, de u$s 40.950 millones, el tipo de cambio de equilibrio que surge de esa comparación es de $ 7,15. Hace exactamente un año ese dólar era de $ 4,60.
Un informe del Banco Ciudad recordó este fin de semana el problema que en octubre de 2011 terminó por enfrentar al Banco Central con el actual cepo cambiario. "El Gobierno no contaba con muchas alternativas para frenar el problema: devaluar el tipo de cambio; apostar a una recuperación de la credibilidad en la moneda con un plan anti-inflacionario consistente o blindar las reservas con un desdoblamiento cambiario de facto", dijo. "Los daños colaterales de la estrategia están a la vista: una brecha superior directa e indirecta, un freno del nivel de actividad y, por si esto fuese poco, una caída de reservas su curso", completó. |