Por: Ignacio Olivera Doll - Hay algo que los banqueros empiezan a aprender del nuevo perfil que tomó el Banco Central tras la reforma a su carta orgánica: el organismo oficial no sólo parece estar ahora más cómodo para ejercer su presión sobre el sistema financiero sino, también, algo más "insaciable" para concretar cada una de sus ambiciones. Ayer, los bancos privados y públicos (nucleados en Adeba y Abappra) salieron a anunciar en conjunto, tal como anticipó este diario, que limitarán en un 30% anual las tasas de interés que cobran por financiar con tarjeta de crédito (luego de que la semana pasada el Gobierno los indujera para que lo hicieran). Atrás de ellos se apuraron a salir las entidades extranjeras, representadas por ABA, después de una reunión que mantuvieron durante más de cuatro horas en la sede de la asociación. Y anunciaron a los medios que trabajan "activamente" en el armado de "una acción que beneficiará a todos los usuarios de tarjetas de crédito".
El esfuerzo sectorial fue bien recibido ayer por Mercedes Marcó del Pont. Pero la satisfacción oficial, según pudo confirmar este diario, promete durar poco: dentro de su organismo tienen en mente nuevos objetivos de regulación que están incluidos también en el financiamiento al consumo, y que afectarán a otros segmentos y productos sobre los que tienen previsto avanzar en el corto y el mediano plazos. Entre ellos, al menos, tres: la posibilidad de "ordenar" en una normativa específica las novedades difundidas ayer por las entidades, como un plan para asegurarse la continuidad de éstas en el tiempo; extender la regulación, no sólo sobre las tasas nominales de las tarjetas (estipuladas en los anuncios de ayer), sino también sobre el costo financiero total que cobran los bancos, y en el que incluyen con cierta libertad otros cargos; y ampliar la supervisión y el monitoreo sobre otras líneas de financiamiento que tienen como fin último el consumo (por ejemplo, préstamos personales). La de ayer fue una jornada demasiado larga para los principales banqueros locales, que debieron hacer los mayores esfuerzos de los últimos años por dar publicidad a su alineamiento con los objetivos del Gobierno. El sacrificio de Adeba y Abappra supuso comprometerse a una baja de 15 puntos porcentuales sobre las tasas que hoy cobran en sus plásticos; el de ABA, a su vez, consistirá en anunciar la semana que viene planes de cuotas sin interés y descuentos para las compras en un solo pago en productos básicos, como alimentos, en todo el país. El Central festejó el esfuerzo del sector: "Es positivo, porque va en la misma dirección de lo que venimos trabajando en la política de garantizar el financiamiento en términos razonables", dijeron fuentes oficiales. Así y todo, semejante concesión podría alcanzar a conformar apenas una parte del enorme plan oficial que todavía está previsto, y que apunta a regular todo eso que, según los propios funcionarios, perjudica a los consumidores. "¿Qué fundamentos tienen para pensar que estas nuevas medidas dejarán conforme al Central en el avance sobre el sector?", preguntó este diario ayer a algunos banqueros. Los ejecutivos confían en que, dentro de esta voraz pretensión por regularlo todo, el mismo BCRA encuentra también su propio límite: la función primordial (e histórica) de "velar por la solvencia" del sistema financiero. "En la medida en que se pasen de mambo, puede haber un desastre", asustó ayer un banquero.
|