Y la respuesta de Cristina sigue siendo el avance a paso redoblado. El intento por cambiar en la Justicia a quienes se oponen a sus designios. El silencio ante las acusaciones a quienes dicen haber transportado dinero negro en su nombre. El único reflejo del kirchnerismo para limitar el daño de las denuncias contra Báez es quebrar a los primeros arrepentidos y envolverlos en una trama farandulera para liquidar pronto el caso. Pero las maniobras mediáticas con los valijeros Fariña y Elaskar ni siquiera funcionan porque el Gobierno ha perdido buena parte de su credibilidad. Tanto que se preocupan en dejar a cargo de la causa judicial al juez Sebastián Casanello, un hombre de diálogo fluído con la Casa Rosada.
En medio del terremoto político y judicial, el oficialismo imponía anoche su mayoría parlamentaria para avanzar con los polémicos cambios en la Justicia. Atrás quedaron los cuestionamientos de muchos jueces, de los empresarios, del gremio judicial y hasta de la Iglesia, un mensaje inconfundible con la firma del Papa Francisco. Y si hay otro símbolo de descomposición claro es el de las batallas internas que estallan en el kirchnerismo: el cruce entre el CELS de Horacio Verbitsky y el secretario de Justicia, Julián Alvarez, es una fotografía reveladora del enrarecimiento del clima en la atmósfera oficial.
Derrotada por enésima vez en el Congreso, la impotencia de la oposición política debe dejar lugar ahora que la resistencia al proyecto judicial se concentre en los propios jueces. En esa línea, pareció estratégico que recién anoche se conociera el fallo de cámara favorable al Grupo Clarín por la ley de Medios. La sensación es que el combate final se producirá entre la Presidenta y la Corte Suprema, que ya estudia una impugnación a la elección de los futuros consejeros de la Magistratura mediante el voto popular. La judicialización extrema ante los miles de amparos que se esperan será el dique con el que la Corte planea detener de una vez por todas la ofensiva K.
Jueces, legisladores, burócratas, periodistas. El destino de la Argentina anestesiada de estos días pasa lejos de las mayorías y del hombre común. La noche de hoy, bautizada 18A por algunos entusiastas con ganas de hacerle reclamos al Gobierno, será una buena oportunidad para medir si es cierto o no que la insatisfacción ha ganado más espacio en la sociedad.